Nota: 6+
Mejor tema: Father Cannot Yell
Peor tema: Yoo Doo Right
1) Father Cannot Yell
2) Mary, Mary So Contrary
3) Outside my Door
4) Yoo Doo Right
Siempre me llamó la atención que,
aunque esta banda sea conocida como Can, en su primer disco se llamaran “The” Can.
¿Por qué habrán sacado la preposición? No lo sé, supongo que querían estar al
día con lo que hacían los grupos alemanes en ese entonces. Es decir, hasta
ahora no encontré ninguna banda de krautrock cuyo nombre tenga preposición.
Veamos: Kraftwerk, Amon Duul II, Harmonia, Faust, Popol Vuh, Cluster, Neu!,
Tangerine Dream, Ash Ra Temple. No, ni una. Si la idea era alejarse de los
convencionalismos ingleses y estadounidenses, mejor hacerlo a fondo.
Honestamente, me alegro de que hayan hecho ese cambio, porque me gusta mucho
más como suena Can a secas.
Se preguntarán, ¿qué es Can? Es
una banda surgida en 1968 en Colonia, Alemania. Sus miembros más importantes
son Michael Karoli (guitarra), Jaki Liebezeit (batería), Irmin Schmidt
(teclados) y Holger Czukay (bajo). Fueron considerados los máximos exponentes
del ya mencionado krautrock (que fue exclusivo de Alemania, y combinaba
elementos del rock con el jazz, la música clásica, la psicodelia y el
avant-garde). Se adelantaron a muchísimos estilos (en su música hay elementos
de electrónica, de ambient, de música disco. También se acercan a lo que harían
grupos como Talking Heads, The Smiths, Joy Division y Radiohead, entre otros).
A diferencia de lo que dije de Los Saicos, esto es un hecho y no una
especulación o leyenda, pero voy a entrar en detalles cuando hable de los
discos. Si quieren una opinión rápida, la música puramente experimental no se
pone mucho mejor que lo que hacen estos tipos. Lo suyo no es accesible ni de
fácil escucha, pero tienen mayor respeto por lo musical que muchos otros
artistas con pretensiones vanguardistas, y sus canciones tienen un punto de
salida y de llegada, que te transportan a diversos mundos (lo que no significa
que no tengan algunas porquerías). Un gran grupo, sin dudas.
La historia de la banda empieza
con Irmin Schmidt, que había viajado a Nueva York en 1966. Empezó interpretando
avant-garde puro, hasta que después de un tiempo conoció el “mundo” de Andy
Warhol (el Hotel Chelsea), que le hizo apreciar más a la música rock. Volvió a
Colonia ese mismo año y se decidió a formar un grupo, para lo cual reclutó a
músicos más cercanos al avant-garde: David C. Johnson y Holger Czukay. Un tiempo
más tarde se les unió el guitarrista Michael Karoli (que era un alumno de
Czukay. Sí, Czukay era profesor de música) y el baterista Jaki Liebezeit, que
tenía una formación en el Free Jazz pero se había empezado a cansar de este. Con
estos nuevos miembros se orientaron más al rock, lo que hizo que Johnson
abandonara el grupo un tiempo después. A mediados de 1968 reclutaron al (según
Wikipedia) creativo, altamente rítmico pero inestable y comúnmente
confrontativo cantante estadounidense Malcolm Mooney. Aquí es donde lo grande
comienza.
Ya para 1968 el grupo tenía temas
que iban a usar para el debut, que iba a llamarse Prepared to Meet Thy Pnoom.
Había canciones como Thief o Nineteenth Century Man listas para ser su carta de
presentación al mundo. El problema es que ninguna disquera se los aceptaba, así
que tuvieron que grabar otras canciones más accesibles para el gran público (si
alguien sabe explicarme por qué Yoo Doo Right puede considerarse más escuchable
que los temas que nombré ahí arriba, soy todo oídos). Ese Prepared to Meet se
lanzó años después como un recopilatorio de rarezas llamado Delay 1968, y al
final tuvimos esta “película de monstruos” como obra oficial.
Hay un consenso casi universal de
que este debut no es una cosa terrible, pero resulta bastante desprolijo y
muestra una versión muy pobre de lo que quieren hacer los muchachos.
Normalmente estaría en contra de la gran masa, pero esta vez tienen razón. El
virtuosismo en los instrumentos está, pero falta la coordinación que los
caracteriza. Los pasajes hipnóticos se podría decir que existen, pero están
demasiado subdesarrollados y terminan resultando repetitivos y excesivos. El
cantante Malcolm Mooney ofrece un trabajo vocal paranoico como lo haría Damo
Suzuki en posteriores trabajos, pero no tiene el sentido musical (si se lo
puede llamar así) que tiene el japonés. Voy a ser justo y decir que no es el
mal cantante que muchos dicen. Cuando el grupo suena cohesionado, él canta
bien. El problema es que tiene que adaptarse a las ideas de los demás, de
desarrollar pasajes extraños y experimentales, y no están preparados aún para
eso, aparte de que su condición mental no ayuda. Pero, en su defensa, no es el
único que exagera y satura las canciones. Estoy seguro de que si la música
fuera mejor, su voz no sería tan odiada.
Ya hablando de las canciones, la
primera es realmente buena y explota bien las ideas que tiene la banda. Me
recuerda a European Son y Sister Ray de la Velvet, con la diferencia de que acá
hay música de verdad. Father Cannot Yell es rápida, es experimental y, lo más
importante, es coherente. Desde los solos de guitarra abrasadores, los diversos
efectos ruidistas y el hecho de que Mooney suene bastante bien ya es más que
suficiente para destacarla. Sin embargo, la estrella acá es Czukay, que crea
líneas elásticas cargadas de tensión, y durante los dos últimos minutos se
dedica a repetir un loop hipnótico que se conjuga muy bien con el noise tenso y
creciente de los instrumentos principales. Por cierto, acá sí que suenan al
nombre del disco. Me la imagino en alguna película de Godzilla, o en algún
animé tipo Mazinger Z o Attack on Titan.
Por desgracia, el resto se cae a
pedazos. Mary, Mary so Contrary está basada en una canción infantil inglesa
(llamada Mary, Mary Quite Contrary) y repite el estilo de Thief, intentando
crear una catarsis emocional a través del noise de la guitarra, pero no le
llega ni a los talones. Empieza bastante bien, pero a medida que avanza su
sonido se va volviendo molesto e inexpresivo, y la voz no termina de encajar
con el mood que intentan construir. Además, la parte en la que canta
repetidamente “Mary Mary” tratando de crear intensidad es horrenda. No es una
cosa terrible, pero le falta mucho para ser considerada una canción completa.
Outside my Door empieza
fantásticamente, con un riff garajero y astral a partes iguales, una armónica
que levanta temperatura y un Mooney que suena muy bien, demostrando que no es
el inútil que mucha gente cree. Esta ilusión de maestría dura más o menos hasta
la mitad, que es cuando se vuelve ruidosa y desordenada, y Malcolm vuelve a su vicio
de gritar y divagar. Igualmente, es el segundo mejor tema del disco por su
primera parte, y por ser el más corto (solo cuatro minutos). Yoo Doo Right
también resulta prometedora al principio, con el bajo haciendo sus malabares,
un patrón de batería sutilmente amenazador emergiendo de una ola de
sintetizadores (o guitarras) y un Malcolm que se parte el alma cantando.
Llegando al tercer minuto entra la guitarra, que crea una magnífica textura
paranoide. El tema sigue aumentando la intensidad, hasta que al quinto minuto se
degenera y se vuelve un festival de ritmos complejísimos pero desenfocados,
trucos atmosféricos y ruidos de guitarra que no hacen media canción coherente y
la peor performance vocal de toda la obra, donde va soltando diversos matices
de locura, pero todos igualmente desagradables. Encima el tema completo dura
veinte minutos, de los cuales sobran unos quince. Fuera de su duración, no
tiene nada que ver con las épicas que grabarían más adelante.
Hay un dicho que dice que querer
no siempre es poder, y el grupo lo demuestra. Quieren ser experimentales,
jugados y extremos, pero también quieren hacer buenas canciones, y esto último
no les sale tan bien. Sin embargo, hay otro dicho que dice que la práctica hace
al maestro, y eso es lo que se vería en futuros trabajos: a la banda mejorando
cada vez. Lo bueno de este disco es que por lo menos le sirvió al grupo para
cometer todos los errores posibles de entrada y evitarlos más adelante.
Igualmente, por ahora hay que juzgarlos por momentos, no por temas. Tenemos los
siete minutos de Father Cannot Yell, dos minutos de Outside my Door y cinco
minutos de Yoo Doo Right, lo que nos da catorce minutos excelentes contra
veinticuatro que van del “meh” al “por el amor de Danny Phantom, que se termine
ya”. Si hubieran sacado el último tema y puesto los mejores de Thy Pnoom, le
habría subido la nota. Así como está, es solamente recomendable para los que
quieran conocer los orígenes del conjunto.

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