miércoles, 22 de agosto de 2018

Can - Monster Movie



Nota: 6+
Mejor tema: Father Cannot Yell
Peor tema: Yoo Doo Right

1)      Father Cannot Yell
2)      Mary, Mary So Contrary
3)      Outside my Door
4)      Yoo Doo Right

Siempre me llamó la atención que, aunque esta banda sea conocida como Can, en su primer disco se llamaran “The” Can. ¿Por qué habrán sacado la preposición? No lo sé, supongo que querían estar al día con lo que hacían los grupos alemanes en ese entonces. Es decir, hasta ahora no encontré ninguna banda de krautrock cuyo nombre tenga preposición. Veamos: Kraftwerk, Amon Duul II, Harmonia, Faust, Popol Vuh, Cluster, Neu!, Tangerine Dream, Ash Ra Temple. No, ni una. Si la idea era alejarse de los convencionalismos ingleses y estadounidenses, mejor hacerlo a fondo. Honestamente, me alegro de que hayan hecho ese cambio, porque me gusta mucho más como suena Can a secas.
Se preguntarán, ¿qué es Can? Es una banda surgida en 1968 en Colonia, Alemania. Sus miembros más importantes son Michael Karoli (guitarra), Jaki Liebezeit (batería), Irmin Schmidt (teclados) y Holger Czukay (bajo). Fueron considerados los máximos exponentes del ya mencionado krautrock (que fue exclusivo de Alemania, y combinaba elementos del rock con el jazz, la música clásica, la psicodelia y el avant-garde). Se adelantaron a muchísimos estilos (en su música hay elementos de electrónica, de ambient, de música disco. También se acercan a lo que harían grupos como Talking Heads, The Smiths, Joy Division y Radiohead, entre otros). A diferencia de lo que dije de Los Saicos, esto es un hecho y no una especulación o leyenda, pero voy a entrar en detalles cuando hable de los discos. Si quieren una opinión rápida, la música puramente experimental no se pone mucho mejor que lo que hacen estos tipos. Lo suyo no es accesible ni de fácil escucha, pero tienen mayor respeto por lo musical que muchos otros artistas con pretensiones vanguardistas, y sus canciones tienen un punto de salida y de llegada, que te transportan a diversos mundos (lo que no significa que no tengan algunas porquerías). Un gran grupo, sin dudas.
La historia de la banda empieza con Irmin Schmidt, que había viajado a Nueva York en 1966. Empezó interpretando avant-garde puro, hasta que después de un tiempo conoció el “mundo” de Andy Warhol (el Hotel Chelsea), que le hizo apreciar más a la música rock. Volvió a Colonia ese mismo año y se decidió a formar un grupo, para lo cual reclutó a músicos más cercanos al avant-garde: David C. Johnson y Holger Czukay. Un tiempo más tarde se les unió el guitarrista Michael Karoli (que era un alumno de Czukay. Sí, Czukay era profesor de música) y el baterista Jaki Liebezeit, que tenía una formación en el Free Jazz pero se había empezado a cansar de este. Con estos nuevos miembros se orientaron más al rock, lo que hizo que Johnson abandonara el grupo un tiempo después. A mediados de 1968 reclutaron al (según Wikipedia) creativo, altamente rítmico pero inestable y comúnmente confrontativo cantante estadounidense Malcolm Mooney. Aquí es donde lo grande comienza.
Ya para 1968 el grupo tenía temas que iban a usar para el debut, que iba a llamarse Prepared to Meet Thy Pnoom. Había canciones como Thief o Nineteenth Century Man listas para ser su carta de presentación al mundo. El problema es que ninguna disquera se los aceptaba, así que tuvieron que grabar otras canciones más accesibles para el gran público (si alguien sabe explicarme por qué Yoo Doo Right puede considerarse más escuchable que los temas que nombré ahí arriba, soy todo oídos). Ese Prepared to Meet se lanzó años después como un recopilatorio de rarezas llamado Delay 1968, y al final tuvimos esta “película de monstruos” como obra oficial.
Hay un consenso casi universal de que este debut no es una cosa terrible, pero resulta bastante desprolijo y muestra una versión muy pobre de lo que quieren hacer los muchachos. Normalmente estaría en contra de la gran masa, pero esta vez tienen razón. El virtuosismo en los instrumentos está, pero falta la coordinación que los caracteriza. Los pasajes hipnóticos se podría decir que existen, pero están demasiado subdesarrollados y terminan resultando repetitivos y excesivos. El cantante Malcolm Mooney ofrece un trabajo vocal paranoico como lo haría Damo Suzuki en posteriores trabajos, pero no tiene el sentido musical (si se lo puede llamar así) que tiene el japonés. Voy a ser justo y decir que no es el mal cantante que muchos dicen. Cuando el grupo suena cohesionado, él canta bien. El problema es que tiene que adaptarse a las ideas de los demás, de desarrollar pasajes extraños y experimentales, y no están preparados aún para eso, aparte de que su condición mental no ayuda. Pero, en su defensa, no es el único que exagera y satura las canciones. Estoy seguro de que si la música fuera mejor, su voz no sería tan odiada.
Ya hablando de las canciones, la primera es realmente buena y explota bien las ideas que tiene la banda. Me recuerda a European Son y Sister Ray de la Velvet, con la diferencia de que acá hay música de verdad. Father Cannot Yell es rápida, es experimental y, lo más importante, es coherente. Desde los solos de guitarra abrasadores, los diversos efectos ruidistas y el hecho de que Mooney suene bastante bien ya es más que suficiente para destacarla. Sin embargo, la estrella acá es Czukay, que crea líneas elásticas cargadas de tensión, y durante los dos últimos minutos se dedica a repetir un loop hipnótico que se conjuga muy bien con el noise tenso y creciente de los instrumentos principales. Por cierto, acá sí que suenan al nombre del disco. Me la imagino en alguna película de Godzilla, o en algún animé tipo Mazinger Z o Attack on Titan.
Por desgracia, el resto se cae a pedazos. Mary, Mary so Contrary está basada en una canción infantil inglesa (llamada Mary, Mary Quite Contrary) y repite el estilo de Thief, intentando crear una catarsis emocional a través del noise de la guitarra, pero no le llega ni a los talones. Empieza bastante bien, pero a medida que avanza su sonido se va volviendo molesto e inexpresivo, y la voz no termina de encajar con el mood que intentan construir. Además, la parte en la que canta repetidamente “Mary Mary” tratando de crear intensidad es horrenda. No es una cosa terrible, pero le falta mucho para ser considerada una canción completa.
Outside my Door empieza fantásticamente, con un riff garajero y astral a partes iguales, una armónica que levanta temperatura y un Mooney que suena muy bien, demostrando que no es el inútil que mucha gente cree. Esta ilusión de maestría dura más o menos hasta la mitad, que es cuando se vuelve ruidosa y desordenada, y Malcolm vuelve a su vicio de gritar y divagar. Igualmente, es el segundo mejor tema del disco por su primera parte, y por ser el más corto (solo cuatro minutos). Yoo Doo Right también resulta prometedora al principio, con el bajo haciendo sus malabares, un patrón de batería sutilmente amenazador emergiendo de una ola de sintetizadores (o guitarras) y un Malcolm que se parte el alma cantando. Llegando al tercer minuto entra la guitarra, que crea una magnífica textura paranoide. El tema sigue aumentando la intensidad, hasta que al quinto minuto se degenera y se vuelve un festival de ritmos complejísimos pero desenfocados, trucos atmosféricos y ruidos de guitarra que no hacen media canción coherente y la peor performance vocal de toda la obra, donde va soltando diversos matices de locura, pero todos igualmente desagradables. Encima el tema completo dura veinte minutos, de los cuales sobran unos quince. Fuera de su duración, no tiene nada que ver con las épicas que grabarían más adelante.
Hay un dicho que dice que querer no siempre es poder, y el grupo lo demuestra. Quieren ser experimentales, jugados y extremos, pero también quieren hacer buenas canciones, y esto último no les sale tan bien. Sin embargo, hay otro dicho que dice que la práctica hace al maestro, y eso es lo que se vería en futuros trabajos: a la banda mejorando cada vez. Lo bueno de este disco es que por lo menos le sirvió al grupo para cometer todos los errores posibles de entrada y evitarlos más adelante. Igualmente, por ahora hay que juzgarlos por momentos, no por temas. Tenemos los siete minutos de Father Cannot Yell, dos minutos de Outside my Door y cinco minutos de Yoo Doo Right, lo que nos da catorce minutos excelentes contra veinticuatro que van del “meh” al “por el amor de Danny Phantom, que se termine ya”. Si hubieran sacado el último tema y puesto los mejores de Thy Pnoom, le habría subido la nota. Así como está, es solamente recomendable para los que quieran conocer los orígenes del conjunto.

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