miércoles, 31 de agosto de 2022

Crucis - Los delirios del mariscal


Nota: 10+
Mejor tema: Abismo terrenal.
Peor tema: No hay, pero digamos que No me separen de mí es el menos excelente.

1)      No me separen de mí
2)      Los delirios del mariscal
3)      Pollo frito
4)      Abismo terrenal


Si existía una razón de peso para darle a Crucis un lugar en mi blog, es esta. Esta obra maestra. Esta pieza de orfebrería. Este trabajo forjado por los dioses. Creo que ustedes me entienden. No hace falta que meta tantos epítetos superlativos. Por lo menos, no desde el inicio. Vamos de a poco. Pasito a paso.

Como siempre, hay que dar contexto para los no iniciados. Como yo mismo. Sí, gente, yo tampoco me conozco de memoria todos los datos de todas las bandas que reseño. Y como Argentina no es precisamente un lugar que se recuerde en las biografías de los países más importantes salvo cuando nos acusan de haber alojado a Hitler tras la segunda guerra mundial o para confundirnos con lugares como Hawái, no encontré mucha información respecto al contexto en el que se gestó esta obra magna. Pero esperen, no se vayan. No significa que no haya nada de información. Siempre hay algo dando vueltas por ahí, y acá les traigo lo que pude recopilar. Este disco se grabó en 1976 tras el debut, y se lanzó al año siguiente, en 1977. Fue mezclado en Nueva York y fue grabado en vivo, tal y como el debut. Fue presentado en el Luna Park y la prestigiosa revista de rock llamada «Pelo» sacó un «transfer» con la portada (la cual es obra del artista Juan Orestes Gatti). Incluso llegaron a tocar en Estados Unidos, donde dejaron una excelente impresión. Al volver, se dio la repentina separación del grupo, lo que deja a este disco como su canto del cisne. No hay mucha más información en internet. ¿Podemos pasar a hablar de esta joya? Gracias.

No sé si alguna vez escucharon esa frase que dice que los humanos solo usamos un mínimo porcentaje de nuestro cerebro. Eso no es 100% preciso. Usamos todo nuestro cerebro, pero en diferentes intensidades. Y usar nuestro cerebro al 100% tampoco sería lo mejor. Hay quien dijo que sería como tratar de escribir en una computadora usando todas las teclas a la vez. Bueno, pues eso me está pasando con este álbum. Tengo tanto que comentar al respecto que meto palabras y palabras. Mejor me relajo y voy por partes. Primero que nada, vean el listado de temas. ¿No notan una pequeña gran diferencia con el listado de temas del anterior disco? Si no lo hicieron, les explico. Mientras que en aquél debut no había destacado una mísera canción, acá no hay una mísera canción que no esté destacada. Si eso no es mejorar, no sé qué cosa sí lo sería. Cada tema de acá es una puta genialidad. Los músicos suenan aceitados, compenetrados y creativos como pocas veces se va a escuchar a un grupo, ya sea de Argentina o de donde sea. Se dejaron de joder con rellenar tiempo por rellenarlo y se dedican a tocar parte de la mejor música ya no solo de Argentina, sino de la historia del mundo mundial. Y también hay que destacar la producción. Mientras que el primer disco era casi casi una plasta miserable de sonido que se amontonaba, acá todo suena como tiene que sonar. Es solo cuestión de dejarse llevar mientras observamos la portada (o con las luces apagadas. También es válido) para terminar flotando en ese mundo tan celestial y perfecto pero a la vez tan humano. Pasemos a las canciones.

Bueno, no. Antes de pasar a hablar de cada canción, quiero dar mi interpretación sobre este disco conceptualmente hablando. Recordemos que era 1977 y la dictadura más terrible de mi país apenas estaba empezando. Mientras muchas bandas se metían a escribir de forma poética y velada sobre los atropellos a los derechos humanos que estaban ocurriendo, esta banda hacía un disco casi totalmente instrumental, con una sola canción con letra, que encima de todo parece bastante inocente. «Cagones», «tibios de mierda» dirán muchos. Pues estos muchos no tienen la razón. Crucis hace acá uno de los trabajos más jugados que se podrían haber hecho. Según mi interpretación, esta es una obra conceptual sobre una persona que nace inocente y se va volviendo un monstruo por culpa de una sociedad represora y barbárica. Ahí es nada. ¿Y si les dijera que, más que eso, es una obra sobre la transformación de ser humano a monstruo de un tal Jorge Rafael Videla? Piénsenlo, el disco se llama «Los delirios del mariscal». Un mariscal sería un militar con la más alta graduación, o una de las más altas. Y la letra del primer tema parecería hablar desde la perspectiva de un niño inocente que solo quiere ser. No sé si a ustedes les pase pero, cuando leo sobre dictadores y personas crueles en general, llámese Hitler, Videla, Franco, Pinochet o quienes quieran, no puedo evitar pensar que en algún momento ellos también fueron niños y que hubo un sistema detrás que los volvió los monstruos que terminaron siendo. ¿Ven cómo todo conecta? Y lo mejor es que Crucis no humaniza a Videla (o sus allegados, que también) para justificar o siquiera entender que se haya vuelto lo que se volvió, sino para vulnerarlo. Para bajarlo a tierra y decirle «vos, ser que está allá arriba torturándonos y matándonos porque sí, sacate todas las condecoraciones militares y vas a ver que no aguantás ni dos minutos en la calle contra cualquiera de nosotros». ¿Qué puede ser más valiente que hacer un disco conceptual alrededor de esa idea? Después de todo, no hay nada que les moleste más a los que están arriba que el hecho de que sus flaquezas se exhiban, que todo el mundo se dé cuenta de que están muy lejos de ser dioses. Me parece un concepto fantástico, sinceramente.

¿Y qué mejor que apoyar un concepto tan genial en unas canciones tan geniales? Empezamos el disco con una melodía saltarina y divertida que casi recuerda al pop británico. Se trata de No me separen de mí. Después de unos segundos se le suma un sintetizador de fondo que le da un aire más grandilocuente y típicamente progresivo. Pasado el primer minuto entra una de las pocas partes cantadas del disco: «Todos los días de todos los años/vi todo, y todo sigue siendo igual/pude llegar hasta aquí, a mi ser/porque nunca, nunca me dejé llevar». Después de todo, al igual que nosotros, esos monstruos entraron al mundo con la más pura inocencia. Muchos se quejan de que la voz no es muy buena. Ciertamente no es la mejor voz del mundo, pero creo que aporta la inocencia necesaria para un tema (y un disco) que después se va a ir volviendo más grandilocuente y oscuro. ¿Entienden por qué este tema NECESITABA ser cantado? Además, la melodía vocal es muy muy buena, y las secciones instrumentales que espejean la melodía vocal son de primera. Como si fuera poco, los diferentes quiebres le dan frescura a la canción para que no se vuelva repetitiva. Intachable arranque. Es quizás mi menos favorita del disco, y aun así me gusta más que cualquier tema del disco anterior.

El resto del disco es instrumental, pero la historia está perfectamente transmitida. El tema titular se arma desde el silencio. Esa persona (o monstruo, mejor dicho) entró en un mundo de delirio y maldad. Ya no es ninguna criatura inocente. La música es sentida y con mucha carga de blues y jazz, muy a lo Camel. Pero se percibe un pequeño gran infierno debajo de esa aparente calma, y ya expliqué el motivo conceptualmente hablando. Los solos tienen una secuencia y algunos clímax que me recuerdan mucho a Since I’ve Been Loving You de Led Zeppelin, aunque sin sonar a plagio en lo más mínimo. Se va repitiendo y repitiendo como un sentimiento de maldad obsesivo, pero no una maldad que el protagonista pueda atribuirle a un tercero, sino a una muy propia. Al minuto siete y medio entran los teclados en una marcha de locura y con tintes heroicos que establecen que este ser del mal se cree un héroe que va a salvar a la gente, aunque la realidad es que va a hacer cualquier cosa menos eso. Todo villano es el héroe de su historia después de todo. Ese es el ego y la locura que cargan esos personajes, y estos diez minutos de canción lo transmiten perfectamente.

Y seguimos con Pollo frito. Me encanta lo grandilocuentes que suelen ser los títulos de las canciones de esta gente y lo poco épico que resulta este en particular. Esto parece un chiste de mal gusto en el contexto de que estoy hablando de un individuo que hizo un daño a la gente de Argentina y al país mismo que perdura hasta hoy, pero no lo digo por eso, sino porque el título ese hace que no sea tan evidente cuáles son las intenciones de esta pieza. Si me preguntan, creo que la música de este tema representa la poca alma que le queda a este monstruo llamado Videla tratando de emerger. El ritmo frenético, los sintetizadores, las líneas de piano más tranquilas y los diferentes requintos representan ese esfuerzo sobrehumano. Pero la verdad es que es todo en vano. Ya ni un alma tiene lugar en un ser de estas características tan atroces, y esos últimos segundos instrumentales suenan como la risa de alguien que está profundamente envenenado y que sabe que toda su bondad murió. El despliegue musical es fantástico, pero la imagen que pinta es terrorífica.

Tan terrorífica es, que al protagonista no le queda otra que vivir en un Abismo terrenal, tal es el nombre de la última pieza. Doce minutos y medio de la más pura resignación. No tanto desde el lado del protagonista de la historia, sino del lado nuestro, el de los seres humanos que todavía tenemos algo de conciencia y sabemos lo repulsivo que es ser como él. Peor aún, de saber que alguien así maneja nuestros destinos. Hoy sabemos que su gobierno como tal no llegó a una década, pero en ese momento no se sabía cuánto iba a durar su poder. Incluso con el tiempo que duró, el mal que hizo todavía vive, tristemente. Las guitarras saben que ya no hay humanidad ahí, y por eso se lamentan de esa forma tan amarga. La figura instrumental realmente me desespera por lo infernal que suena. Hay solos con wah, hay solos de teclado, hay ritmos cabalgantes, hay de todo. Incluso cada miembro del grupo tiene un lugar para hacer su respectivo despliegue. Me recuerda un poco a Elijah de Spirit en ese sentido, pero esta es muchísimo mejor. Cada solo es mejor que el anterior. El conjunto es una frenética carrera hacia el infierno, sin paradas de por medio. Llegando el final, se repite la figura desesperante que había mencionado, hasta que todo termina con cada miembro haciendo un solo a la misma vez. Una de las mejores canciones de la historia del rock argentino, ni más ni menos.

Tal y como es este disco. Si no es de los cinco mejores trabajos del rock argentino de todas las épocas, se queda bastante cerca. Los tipos pulen tanto su estilo como su composición y compenetración, a la vez que presentan el concepto que intenté explicar. Claro que ustedes pueden diferir conmigo. Bien podría ser una obra sobre intentar mantenerse fiel a uno mismo en tiempos oscuros como lo fue la última dictadura cívico-militar, y el lograrlo quizás no sea un logro a nivel social, pero sí a nivel individual. Sin embargo, a mí me transmite las imágenes que estuve explicando previamente. Por eso me parece un disco tan vigente y necesario como cuando fue grabado, ya que se puede aplicar a muchas cosas que aun vivimos como sociedad. Sin importar si les gusta el rock progresivo o no, esta es una obra básica que merece un lugar en toda colección. No importa el país del que seas.

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