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jueves, 12 de mayo de 2022

Aerosmith - Toys in the Attic


Nota: 8+
Mejor tema: Sweet Emotion.
Peor tema: Round and Round.

1)      Toys in the Attic
2)      Uncle Salty
3)      Adam’s Apple
4)      Walk This Way
5)      Big Ten Inch Record
6)      Sweet Emotion
7)      No More No More
8)      Round and Round
9)      You See me Crying


Sí, sé que queda feo a nivel página que revise este disco luego de su sucesor, siendo yo un obsesivo del orden y de los detalles, pero es un desorden que estoy dispuesto a permitir. Aerosmith no es una de mis bandas favoritas, así que no siento culpa por esto. Voy a ver cómo hago cuando me toque revisar el «Tender Prey» del genial Nick Cave. Pero vamos a lo nuestro.

Bien, bien, bien. ¿Es necesario que dé detalles sobre este disco? Digo, Aerosmith es una banda que todo el mundo conoce y adora a pesar de que, objetivamente hablando, no sean la creme de la creme del rock. Tengo entendido que ellos se llaman a sí mismos «la mejor banda estadounidense». Esto no solo es una falta de humildad tremenda, sino que también me hace preguntarme si grupos como The Byrds, Spirit, The Doors, Creedence, The Velvet Underground o Sly & The Family Stone no son en realidad del Congo belga. En otras palabras, si quieren considerarse lo más grande de los US of A, tienen mucho trabajo por hacer. Sin embargo, supongo que tengo que pensar en la banda dentro de su período de existencia y la competencia que tenían en aquél entonces (el llamado «contexto»). Si lo hacemos, vamos a ver que quizás algo de esto sea verdad, como dijo Corvan. Cuando tenían que hacer las cosas bien, las hicieron bien. No siempre fueron unos mediocres, y eran capaces de acabar con la competencia allá por los lejanos 70s. Como todo en esta vida, solo fue posible gracias al esfuerzo y el mejoramiento constante.

Para el anterior disco que sacaron, «Get Your Wings», habían empezado a trabajar con el productor Jack Douglas. Según él, entre aquél disco y el que vamos a revisar hoy, hubo un cambio enorme. Estuvieron un año entero tocando en vivo el «Wings» y volviéndose así mejores intérpretes. Y se nota en lo sofisticado de los temas que esto era verdad. No es que alcancen el virtuosismo de Led Zeppelin, pero los guitarristas Joe Perry y Brad Whitford vienen no solo con canciones más complejas y trabajadas, sino que hasta muestran un buen dominio de variados géneros. Sí, gente. El disco es bastante diverso. Mucha gente llama al disco «Draw the Line» el «Exile on Main Street» de Aerosmith. Si hablamos de lo nebuloso y drogón del sonido, quizás tengan razón. Sin embargo, si de diversidad hablamos, este disco es el verdadero equivalente de aquella obra de los Rolling Stones. Acá hay blues, rock, pop, country y etcétera. No es un eclecticismo despiadado, pero sí lo bastante satisfactorio como para no agotarse escuchándolo de punta a punta. No son todas las canciones lo mismo como sí lo serían en un disco de AC/DC que, aunque quizás sea mejor banda que Aerosmith consistentemente, jamás fueron grandes compositores de canciones como sí demuestran serlo Steven Tyler y compañía acá. Y esto no es por crear polémica, sino que es algo fácilmente comprobable. A eso vamos.

El disco arranca de súbito con el riff punky y ominoso del tema título, rico en vértigo. Casi inmediatamente entra la melodía vocal que chorrea oscuridad, y el estribillo es la conclusión perfecta a la tensión que los versos venían armando. ¿Qué hay del solo? El solo es perfectamente sucio y adrenalínico. Intachable arranque. Quizás no super complejo técnicamente, pero sí en el armado de la canción. Ese año tocando su anterior disco dio sus frutos.

Uncle Salty es vagamente country, además de que su melodía, como bien dijo Federico Fernández de Drmusicstudio, remite mucho a Man I Feel Like a Woman de Shania Twain. La única diferencia es que acá suena más oscura y bajoneante. Y es que este parece ser el mood del disco: oscuro y bajoneante. En fin, que su línea de guitarra es de primer nivel y sus melodías vocales redondean la dosis de oscuridad de esta canción. La única queja que tengo es que el final con ese «It’s a sunny day outside my window» se vuelve medio repetitivo, pero supongo que tenía que ser así para generar esa sensación de claustrofobia. Muy buen tema, aunque no me encante.

El riff de apertura de Adam’s Apple suena bien Stone. Tanto que casi me lo imagino compuesto por algún grupo rolinga de esta parte del mundo, tipo La 25. Bueno, exagero un poco. La verdad es que es estúpido asociar cualquier cosa que suene a los Stones y que no haya sido creada por estos con el rock rolinga más mediocre. Tanto ese riff como la cantidad de trucos y melodías de guitarra que desembuchan Perry y Whitford a lo largo de la canción están muy por encima de lo que Los Ratones Paranoicos, por dar uno de los miles de ejemplos posibles, podrían haber creado. Y la melodía vocal vuelve a ser muy buena, más melódica o más gritada cuando es necesario. Muy buenos cuatro minutos y medio.

Si extrañaban los clásicos, llega el hit del disco que, dicho sea de paso, es el tema no-balada más conocido del grupo: Walk This Way. De lo más funk que hayan hecho. Empieza con un ritmo básico de batería que desemboca en ese riff bien bailable y adictivo. El riff bien bailable y adictivo desemboca en esa melodía vocal bien pegadiza. Esa melodía vocal bien pegadiza desemboca en… ya me entienden. El tema es gancho tras gancho en sus tres minutos con cuarenta segundos. El uso de las campanitas es gracioso y adecuado, y los solos de guitarra son lo bastante limpios como para que apreciemos las notas pero lo bastante sucios como para sacudir nuestras vísceras. Esta canción fue covereada por Run DMC años más tarde, y la verdad es que lo merece.

Big Ten Inch Record es un tema compuesto por un tal Fred Weismantel que fue interpretado por primera vez por un tal Bull Moose Jackson en 1952, para que ahora unos tales Aerosmith le hagan un cover. En los primeros segundos parece que va a ser un tema oscuro para inmediatamente volverse un rock de salón que ahora sí que suena sacado del «Exile on Main Street». Los pianos, los instrumentos de viento y la melodía de Tyler ponen de buen humor a cualquiera. No será un clásico eterno, pero tampoco entiendo por qué tanta gente la odia y la considera un punto bajo del disco.

Lo que sí es un clásico eterno es Sweet Emotion. Una de las cinco mejores canciones del grupo. Quizás mi favorita después de Last Child. Empieza oscura con esa mezcla de bajo amenazante y guitarra con talkbox, después se vuelve más psicodélica con ese «Sweeeeeet Emoooootioooon», al toque se vuelve más hardrockera con el riff principal y la melodía vocal, y más adelante se vuelve retorcida con esa línea de guitarra que hace de estribillo más la batería que parece reproducida en reversa. Si todo esto no les parece suficiente, el riff al tercer minuto y medio que sostiene al solo vuelve a representar una sorpresa impresionante que cierra la canción de la mejor manera posible. Puede que el grupo no sea la elite del rock, pero no vengan a decirme que no tienen (o tenían) talento, que nos cagamos a trompadas.

Y acá se acaban los clásicos, pero no el disfrute. La introducción medio heavy y medio tintineante de No More No More es puro deleite. La melodía vocal con ese piano punteado nerviosamente al fondo mantiene el alto nivel. El estribillo, aunque simple, pinta un paisaje decadente. La mezcla entre guitarras acústicas y eléctricas es genial. También lo es el solo que cierra a la canción. Aunque la fórmula de esta canción sería perfeccionada en el siguiente disco con Sick as a Dog, esto que se escucha acá es disfrute total. Pop pesado del más fino.

El disco hasta el momento, clásicos más o clásicos menos, venía siendo inmaculadamente disfrutable. Pues bien, ese disfrute se va un poco al traste con Round and Round. Es un heavy metal bastante genérico y no muy esmerado. El riff es decente, ese «Round and round and round and round…» que hace de estribillo está bastante bien y la oscuridad que intenta transmitir más o menos funciona, pero esto es solamente si analizo sus elementos por separado. Todo junto me da la sensación de que quisieron hacerse los Black Sabbath yanquis y para eso me quedo toda la vida con Metallica, aunque todavía no habían sacado su primer disco en ese momento. Al igual que con el tema anterior, la fórmula de este sería mejorada (muy mejorada) en su siguiente disco, en este caso con el tema Nobody’s Fault. Tampoco odio al tema, y reconozco que le da todavía más diversidad al álbum, así que supongo que la puedo perdonar.

Y cerramos con una balada: You See me Crying. Aunque al grupo le encanta romper las pelotas con baladas desde tiempos remotos, al menos acá se trata de una sola y no de doscientas, además de que presenta buenas melodías y recursos. Tiene una hermosa introducción de piano que suena casi a música clásica más que a un bochorno radial, y el estribillo que dice «Honey what you’ve done to your head…» es hermoso, eterno y grandilocuente a la vez. Lástima que cerca del minuto dos y medio Steven Tyler tire un falsete soberanamente estúpido que lo hace sonar como si estuviera imitando al pato Donald y que arruina bastante la canción. Pero queda compensado con los arreglos orquestales y los solos armónicos casi dignos de Brian May. Aunque en mi reseña de «Rocks» dije que prefiero Home Tonight, la verdad es que ahora no estoy tan seguro. Aquella será más corta, concisa y no tendrá falsetes ridículos, pero las melodías acá son muy superiores. Un buen cierre para un buen disco.

En fin. Mi puntaje para esta obra sería: ocho puntos por consistencia y medio punto de regalo por diversidad bien aplicada. Esto lo pone, teóricamente hablando, al mismo nivel que su continuación. Sigo prefiriendo «Rocks» por su consistencia y porque sus clásicos son más clásicos pero, en cierta forma, «Toys in the Attic» se me hace más disfrutable por lo sorpresivo y versátil que es. No es mi disco de hard rock favorito, pero tengo que reconocer que es muy sólido y entretenido. Un disco como «Appetite for Destruction» puede tener más y mejores clásicos que este, pero también es mucho más largo y monótono. Este dura lo que tiene que durar y no tiene pretensiones innecesarias. En ese aspecto le ganan incluso a grandes nombres del género, como Led Zeppelin. Aunque mejor banda que Aerosmith, Zeppelin siempre pretendió significar más de lo que realmente significaba, por lo cual disfrazaban sus delirios mitológicos y sin sentido como «sentidas piezas salidas del corazón», si entienden a lo que me refiero. Aerosmith, al menos en su primera época, eran más honestos de cara a sus intenciones de rockear y patear culos. No eran pretenciosos. Al principio. Después sí se volvieron engreídos musicalmente. Qué mal. Podría ponerles la disyuntiva de elegir entre este disco si lo que buscan es diversidad y matices, o «Rocks» si lo que buscan es que les pateen el culo a puro rock and roll. Pero sería un sinsentido, ya que pueden tener y disfrutar de ambos discos. Aquí entre nos, es lo que deberían hacer. Muy recomendado.


domingo, 29 de marzo de 2020

Aerosmith - Rocks


Nota: 8+
Mejor tema: Last Child
Peor tema: Lick and a Promise

     1)      Back in the Saddle
     2)      Last Child
     3)      Rats in the Cellar
     4)      Combination
     5)      Sick as a Dog
     6)      Nobody’s Fault
     7)      Get the Lead Out
     8)      Lick and a Promise
     9)      Home Tonight

Aerosmith debe de ser la banda más directa del planeta. En todo sentido posible. Sus letras, su música, su “mensaje”. No esperes sutilezas de parte de ellos, para nada. Esta honestidad brutal con la que se manejan se ve reflejada en este disco incluso antes de ponerlo en el reproductor. Observen esa portada. Esos diamantes en bruto y el propio nombre del disco: “Rocks”. ¿Qué significa esto? Pues que los tipos no quisieron esperar a que el escucha juzgue el contenido de la placa. Ya te lo dan masticadito. Este disco contiene auténticos diamantes en forma de canciones y rockea. Normalmente asociaría esto a un engaño premeditado pero la verdad es, por esta vez, que no hay una pizca de mentira en esa portada (bueno, un poco. La portada muestra cinco joyas y el disco tiene seis. Supongo que quisieron ser humildes): Este disco rockea y está lleno de diamantes. Punto.
Bueno, no. Hay más de lo que se ve a simple vista. El grupo había alcanzado el estrellato con su anterior placa, Toys in the Attic. La crítica los ponía casi al nivel de Led Zeppelin y los Rolling Stones (y sí, ese es el nivel de crítica especializada que tenemos). Clásicos como Walk This Way, Sweet Emotion y el tema titular se habían convertido en clásicos instantáneos e infaltables en los conciertos. Lo malo es que, detrás de toda esta gloria, estaba la ruina: las drogas y el alcohol estaban a la orden del día, lo que empeoró sus adicciones. Sin embargo, como diría Capusotto, “mientras que un médico, bajo el efecto de estupefacientes, puede hacer desastres, un rockero drogadicto y borracho puede triunfar y alcanzar la gloria” (no es con las palabras que lo dijo, pero ese era más o menos el mensaje). La “gloria” no es solamente en el campo comercial, sino también en el artístico. El grupo, en estas condiciones, entró a grabar su cuarto trabajo, este Rocks. ¿El resultado? Un éxito.
Ahora, tampoco se esperen un cambio radical con respecto a Toys. Es más de lo mismo, pero más rockero y heavy que nunca. No es que el estilo sea el mismo, sino que las canciones son obvios calcos de los temas de su anterior placa. Back in the Saddle es Sweet Emotion, Rats in the Cellar es Toys in the Attic, Nobody’s Fault es Round and Round, etc. Es curioso que, siendo Toys in the Attic un disco moderadamente diverso en estilo, este álbum que copia descaradamente a aquel resulta mucho más formuláico y monótono, si se quiere. ¿A qué se debe esto? Bueno, creo que se debe a que copian la forma de los temas, pero los empapan en el tratamiento rockero y pesado del que hablé antes. Esto, como no podía ser de otra forma, cambia el estilo, pero no deja de sentirse similar a lo ya escuchado. Esto podría ser una mala noticia, pero se nota que el grupo perfeccionó el autoplagiarse, lo que milagrosamente logra que el disco sea aún más consistente que el anterior. Mientras que en Toys solo encontraba dos o tres clásicos auténticos y el resto era relleno (más que aceptable, pero relleno), acá tenemos seis clásicos de nueve canciones. Es decir, dos tercios de disco. Genial. Y con respecto a la repetición de fórmula… bueno, considero que cada grupo nació para algo distinto. Algunos serán más diversos, otros más formuláicos, otros más experimentales, otros más conservadores, etc. A Aerosmith le tocó el papel de rockear duro, y sobre eso hay que juzgarlos. ¿Rockean duro? Sí, y vaya que lo hacen bien, al menos acá.
Los primeros seis temas, lo repito, son quizás la mejor seguidilla de canciones que creó la banda en toda su carrera. Una intro oscura y llena de tensión nos da la bienvenida al disco, y casi llegado el segundo treinta se transforma en un riff de guitarra galopante, lleno de testosterona, sobre el que Steven Tyler canta todo tipo de dobles sentidos entre referencias vaqueras y “montar” a una mujer. Como ya se imaginarán, es Back in the Saddle. Sea o no una reescritura de Sweet Emotion, es fantástica por derecho propio. Last Child empieza como una balada cuyas primeras notas me recuerdan sospechosamente al tema principal de El Padrino, pero después se convierte en un rocker cuyo riff me recuerda sospechosamente al de Politician, de Cream. ¿A qué es igual dos plagios a dos canciones súper conocidas en un mismo tema? Depende del grupo que haga el plagio y de en qué estado creativo se encuentre. Tratándose de Aerosmith y del hecho de que estaban en su mejor momento, es igual a un clásico, y a mi tema favorito de la banda. Sí, así como leyeron. No importa que no sea tan conocido, es el mejor tema que parió el grupo. Rats in the Cellar no baja el nivel, para nada. Se trata de un tema ultra rápido, casi punk, ¿Pero qué banda punk puede presumir de unos juegos de guitarra tan exquisitos, unos quiebres de armónica y una melodía así? Pocas, realmente. Hacia el final tenemos una mini sección instrumental casi propia de un directo que cierra al tema de la mejor manera posible. Vamos bien.
Combination es un medio tiempo que sigue pateando culos con clase. El riff es de primera categoría (parece las pisadas de un gigante) y las armonías vocales son lo último que uno se esperaría de un grupo como Aerosmith. Pegadizas hasta decir basta. El jam del final también es un ejemplo de cómo patear culos. Sick as a Dog no rockea tan duro, pero es de altísima calidad igualmente. Cuenta con unos arreglos de guitarra casi poperos y luminosos, y las armonías vocales vuelven a destacar. George Starostin compara este tema con los Hollies, y quizás tenga razón. Digna de cualquier grupo de los 60. El último clásico es Nobody’s Fault, que algunos comparan con Led Zeppelin (y no por el nombre del tema). Como dije antes, es una reescritura de Round and Round, pero muchísimo mejor. Se trata quizás del tema más metalero y pesado en la carrera del grupo. Ese riff con wah parece llevarse al mundo por delante, mientras que Tyler se lamenta: “Lord I must be dreaming/What else could this be?”. Hasta que llegamos a esos también lamentosos “Soooorryyy, you’re so soooorryyy/Don’t be soooorryyyy”, y ese fraseo demoníaco del estribillo, en el que remarca cada palabra con furia y frustración, nuevamente lamentándose por el destino de la humanidad. Magistral.
Desgraciadamente, el último tercio no está a la altura. Get the Lead Out tiene un riff divertido, una melodía divertida y un solo divertido. Todo es divertido en esta canción, pero pálido y bastante olvidable. Lick and a Promise es barrosa y agresiva, pero sin mucha sustancia. Por último, Home Tonight es una power ballad, aunque esta vez no se puede decir que sea un plagio de You See me Crying, puesto que al grupo le encanta meter una power ballad (una como mínimo) por disco. Me gusta el trabajo de la guitarra, pero se queda corta frente a Dream On (la balada definitiva de la banda). Todo este tercio es tan intrascendente como lo era el Fantasma de las cajas para Danny Fenton (sí, se apellida Fenton, no Phantom. Phantom es su alter ego), pero es agradable igualmente.
Con la diferencia de que el Fantasma de las cajas al menos brilló en uno o dos episodios.
Ahí lo tenemos a Aerosmith en (probablemente) su mejor momento. No, borremos el probablemente. Este disco es, sin dudas, lo mejor que hizo la banda en su carrera. Y lo afirmo aún sin haber escuchado mucho más de ellos más allá de lo que pasan en la radio. El grupo rockea y compone no como los dioses, pero sí como unos humanos muy evolucionados, por encima del promedio. Quizás si hubieran sacado las tres últimas canciones y lo hubieran publicado como un EP me habría gustado más. Pero, pensándolo bien, no. Eso me hubiera obligado a ponerle mínimo un nueve y a decir que Aerosmith es una gran banda, y mi hipsterismo latente no lo soportaría. Bromas aparte, ni siquiera así podría ponerle un diez al disco ya que, por mucho que me gusten estas canciones, no siento que ninguna sea una obra maestra perfecta. Pero poco importa cuando nos encontramos con una colección de riffs y solos de este nivel. Quizás el mejor disco de “es solo rock and roll, pero me gusta” de la historia.