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sábado, 7 de junio de 2025

The Gun Club - Miami


Nota: 10+
Mejor tema: Mother of Earth.
Peor tema: Eeeeehm… ¿Texas Serenade?

1)      Carry Home
2)      Like Calling Up Thunder
3)      Brother and Sister
4)      Run Through the Jungle
5)      A Devil in the Woods
6)      Texas Serenade
7)      Watermelon Man
8)      Bad Indian
9)      John Hardy
10)    The Fire of Love
11)    Sleeping in Blood City
12)     Mother of Earth


Sí, gente. Sé perfectamente lo que están pensando. Ya estoy poniendo demasiados dieces en esta página, e incluso con signo más, lo que significaría que estos discos son más que perfectos. O sea, ¿quién quiere leer una página de críticas donde cada tema está en rojo (lo que significa que es un clásico) y donde cada disco tiene la nota más alta posible? En cierta forma, extraño la época en la que podía ser más exigente e imparcial, pero desde 2020 (con el inicio de la pandemia) me volví mucho más laxo y me empezó a encantar todo. Sin embargo, creo en mi capacidad de seguir escribiendo críticas certeras e interesantes de leer, y lo importante es que se lleven auténticas joyas para escuchar. Joyas como este segundo disco de The Gun Club.

La banda firmó en abril de 1982 con Chris Stein de Blondie para grabar en Animal Records, lo cual vendría a ser algo así como «el sueño del pibe», ya que Jeffrey Lee Pierce era full fanático de Blondie, e incluso la propia Debbie Harry hizo coros en un par de temas (entre esto y el hecho de que ella le pasara una fórmula para tener su mismo rubio en el pelo, Jeffrey debía ser el tipo más feliz del mundo. O no, porque si no, no hubiera estado metido en las drogas y el alcohol. Quién sabe). Eso sí, con el seudónimo D.H. Laurence Jr. Esto hizo que la banda se asentara por un tiempo en Nueva York para grabar esta segunda placa, y también fue Stein quien se los produjo. Completito todo. La formación de este álbum es la misma que la del debut: Jeffrey Lee Pierce en la guitarra y la voz, Ward Dotson en la segunda guitarra, Rob Ritter en el bajo y Terry Graham en la batería, aunque Ritter no aparece en la foto de la portada ya que para ese momento había dejado el grupo, no sin antes enseñarle sus partes a la futura bajista del grupo: Patricia Morrison. Y me refiero a las partes de bajo, malpensados. De bajo en tanto instrumento musical, no en tanto biología, malpensados. El disco fue muy bien recibido por la crítica, hasta el punto en el que la revista New Musical Express (NME) lo puso entre los cincuenta mejores de 1982. Y con justa razón.

Este disco no se aleja tanto de «Fire of Love» estilísticamente hablando. A lo sumo es un poco más maduro y con momentos de más calma y menos visceralidad que aquél, pero en sí no siento que cambie tanto. Tampoco es como «Master of Puppets» de Metallica, que copiaba al pie de la letra la estructura de «Ride the Lightning», pero hay muy pocos cambios de forma. Lo que sí mejora levemente (que tampoco es que pudiera mejorarse un montón) es la consistencia y el nivel de las canciones. Mientras que en el debut terminaba de forma no tan estelar con Goodbye Johnny, acá el nivel no baja nunca. Son todos temazos de principio a fin, sin el más mínimo bache. También destaco que los dos covers que hay acá son muy probablemente los dos mejores que hizo jamás la banda, y que de paso el tema final es directamente mi tema favorito en la historia del grupo. No creo que nadie en su momento fuera tan puntilloso de decir «Sí, Fire of Love es una joya, ¿pero que no pueden hacerlo mejor? ¿Es que tienen miedo?», pero la banda supo leer el ambiente para superarse en donde pudieran superarse y mantener al mismo nivel lo que pudieran mantener. Bah, no se puede decir tampoco que supieran leer el ambiente porque en ese caso habrían hecho algo más apto para vender al gran público, pero en cambio prefirieron pasar a la eternidad por haber grabado el que quizás sea el mejor disco punk de la historia y de paso coronarse como la mejor banda punk de la historia. Poca cosa, ¿eh?

Pasando a los temas, Carry Home empieza como un tema típico del género, pero sin perder el gancho en su construcción, hasta que en el estribillo se vuelve más tranquilo para después volver a explotar, conformando esa dinámica «fuerte-suave-fuerte» que definitivamente enamoró e inspiró a los Pixies y posteriormente a Nirvana. Tampoco podemos olvidar esos increíbles arreglos de slide y arpegios country que le dan el sello distintivo. Like Calling Up Thunder es menos tormentosa y abrasiva, pero sigue rockeando de lo lindo con sus guitarras punk blueseras y un estribillo bien gritón y pegadizo, además de otro solo tipo country que lleva la marca de The Gun Club. Seguimos con Brother and Sister, que parece más un tema de power pop pasado por el filtro del punk (que tampoco es que esos géneros estén tan lejos entre sí. Otro día explico). Es totalmente pegadiza, y Rob Ritter gatilla el trasfondo ideal con su bajo. Después de eso llegamos al primer cover del disco: Run Through The Jungle, original de Creedence Clearwater Revival. Me encanta el tema original, pero esta versión la hace pelota al duplicar o triplicar la oscuridad y sensación de amenaza. Jeffrey suena más tranquilo durante los versos, pero irónicamente logra un efecto mucho más desesperado y aplastante que John Fogerty, aunque en el estribillo sí se grita la vida, y el tratamiento más filoso de la guitarra es simplemente perfecto e ideal. Como curiosidad, Jeffrey contó en su biografía que no entendía bien lo que cantaba Fogerty, así que reescribió los dos primeros versos, mientras que el tercero está sacado del tema M. & O. Blues de Willie Brown. O sea, una reinvención total le hizo, y gracias a Dios, ya que esta es mi versión favorita que haya hecho la banda y una de mis versiones favoritas en general. Una auténtica obra maestra y quizás el segundo mejor tema del disco.

A Devil in the Woods empieza con la mejor labor de bajo en todo el disco, al que se le suma la batería unos segundos después y en conjunto logran dar una sensación «aérea», como una lluvia de artillería. Mientras tanto, Pierce se deja la garganta al estilo del mejor Black Francis y al minuto dos tenemos un nuevo arreglo de guitarras con un efecto entre sitar y música country que es único. No escuché nada parecido en ningún lado, y todos estos elementos conforman otra montaña de canción. Texas Serenade empieza con un nuevo riff filoso, pero los arreglos vaquerizados no tardan en aparecer para empapar de personalidad a la canción. La melodía vocal puede no ser tan atrapante esta vez, pero la convicción con la que está cantada lo compensa por mucho, y el estribillo es fantástico. Se siente como un eclipse, si entienden a lo que me refiero. Tampoco puedo dejar pasar el torbellino vocal de la coda. El tema no tiene mucha variación y encima es el más largo del disco (cuatro minutos con cuarenta segundos, así que tampoco es que sea tan largo), pero logra pasarse en un suspiro y mantenerse siempre interesante. Diría que es mi momento menos favorito de toda la obra, pero tampoco es un gran problema porque quedó claro que no hay un solo punto flojo acá. Quedó claro, ¿no? Y seguimos con el tema más bizarro de todos: Watermelon Man, cuyo nombre siempre me hace pensar en el Melon Lord de la serie del Avatar Aang. Para quienes no lo sepan, este es un apodo que le pusieron los fans al personaje Toph Beifong por su gusto por las sandías. Encima Toph siempre viste de verde, y la tapa de este disco es verde. ¿Coincidencia? No lo creo. Pero bueno, que paso a explicarles por qué me refiero a este tema como bizarro. Lo es porque representa una combinación de ritmos tribales, violines country, feedback constante por parte de la guitarra, una letra repetitiva y un estribillo prácticamente ritual. Debería ser un desastre, pero no solo no lo es, sino que forma un paisaje sonoro absolutamente fascinante y tóxicamente adictivo. Puede ser complicado de digerir al principio, pero tiene algo que hace que con las sucesivas escuchas se te quede enroscado en la cabeza y no tengas forma de sacarlo. Por cierto, este es uno de los temas en los que participa Debbie Harry haciendo segundas voces. En lo que resulta un contraste muy alto en lo musical pero muy bajo en lo espiritual, Bad Indian tiene un riff que directamente saca chispas de lo filoso que suena. Es un milagro que no se cortaran todos los dedos tocándolo. Lo que más llega a distinguirse de la batería es el platilleo, pero no por eso los tambores desaparecen ni dejan de aportar lo suyo. En el medio tenemos una breve pausa comandada por el bajo para volver inmediatamente al galope puro tras el grito de «¡Do your war dance!» y no parar hasta el final. Menos mal que dura dos minutos y medio nada más, porque es adrenalina sin concesiones.

John Hardy ya no suena tanto a punk mezclado con country, sino a country tocado a lo punk. Tiene una cadencia musical y vocal que parecería que la estaban grabando mientras galopaban, y los solos aumentan esa sensación vaquera. De acá también se podría decir que salieron los Meat Puppets. Como sea, es otro tema de colección. A continuación tenemos el otro cover, en este caso de Jody Reynolds: The Fire of Love. Es curioso que no apareciera en el disco al que le da nombre. Algo parecido con lo que pasaba con los temas Houses of the Holy de Led Zeppelin y Waiting for the Sun de los Doors. Ya que menciono a los Doors, las primeras cuatro notas del presente tema me hacen pensar en el inicio de People Are Strange, pero en realidad lo que se viene es un machaque lento y mastodóntico de guitarras, mientras que nuestro querido Jeffrey suena lo más sucio y desesperado posible por encima de la música, especialmente durante el estribillo. Al principio no me gustaba mucho esta canción, hasta que dejé que me pase por encima y ahora la dejo aplastarme cuando él quiera. Se los recomiendo un montón. Sleeping in Blood City es todo lo contrario, ya que es mucho más espídica y a los palos, aunque sigue siendo igual de aplastante. Si tuviera que decir qué me transmite exactamente, diría que me da la sensación que debe sentir un heroinómano después de haberse inyectado a lo loco, y logra transmitirlo incluso mejor que She’s Like Heroin to Me. Este tema podría actuar de excelente reemplazo a dicha droga, al menos durante los tres minutos y medio que dura. Se los dejo de tarea, Narcóticos Anónimos. Y ahora sí, ¿qué mejor forma de cerrar el mejor disco de una banda con la mejor canción de toda su carrera? Billy Idol se inspiró en Mother of Earth para componer su famosa White Wedding (esto fue lo que supuestamente le dijo a Jeffrey tras encontrarse con él en un bar de Los Ángeles), pero no importa cuánto me guste ese tema, la canción de The Gun Club la mastica y escupe bien lejos. Lo más irónico es que de punk no tiene nada, sino que es una balada country. ¿Qué más da? Debe ser el tema country más perfecto que se haya escrito en toda la historia. La melodía de guitarra es perfecta, la voz es perfecta (acá Pierce canta con un tono más grave y centrado en vez de sus agudos desquiciados tan típicos), el ritmo es perfecto, la conjunción de todos los instrumentos es perfecta. ¿Qué más se puede decir? Simplemente es uno de mis temas favoritos de toda la vida. Me enganchó desde la primera vez que la escuché y cada vez que la vuelvo a escuchar me gusta más y más. Uno de los mejores cierres de disco de la historia.

Y si borran las palabras «cierres de» y pasan la palabra «disco» al plural, también aplica. Es una obra maestra absoluta, y quizás mi álbum favorito del género que todo el mundo le atribuye su invención a los Ramones aunque ellos no fueran los verdaderos padres de la movida. No solo es genial como conjunto, sino que cualquiera de sus temas individualmente podría entrar en un compilado de grandes canciones punk y ser de lo más destacado ahí. Aunque no se trata de los mismos tres acordes al palo todo el tiempo, sino que hay un nivel de sofisticación y manejo de los tiempos que muy pocos grupos similares podrían igualar. No es un disco revolucionario ya que la novedad era «Fire of Love», mientras que «Miami» es solo la perfección de la fórmula, pero qué perfección. Qué perfección, carajo. Y lo mejor es que la banda después nos regalaría un par de obras maestras más con «The Las Vegas Story» y «Mother Juno», lo que conformaría la mejor seguidilla de discos que haya grabado una banda punk, pero eso es historia para más adelante. Hasta entonces, disfruten de esta obra, que muy probablemente fuera la favorita de Ricardo Fort y sin dudas es el mejor disco de tapa verde en toda la historia. Perdón, «Artaud».

viernes, 5 de enero de 2024

The Gun Club - Fire of Love


Nota: 10+
Mejor tema: Sex Beat.
Peor tema: Goodbye Johnny.

1)      Sex Beat
2)      Preaching the Blues
3)      Promise me
4)      She’s Like Heroin to me
5)      For the Love of Ivy
6)      Fire Spirit
7)      Ghost on the Highway
8)      Jack on Fire
9)      Black Train
10)    Cool Drink of Water
11)    Goodbye Johnny

 

Año nuevo, vida nueva. Algo así dice el dicho. Honestamente, no sé qué tanto sentido tiene la idea de que una celebración totalmente inventada basada en medidas de tiempo totalmente inventadas pueda afectar la mentalidad objetiva de una persona. Sin embargo, también es cierto que los seres humanos necesitamos festejos y fechas simbólicas, y la verdad es que hay que ser muy engreído para creerse por encima de todo eso. Además, el cambio de año a mí sí que me inyectó nuevas energías para volver a escribir. No solo otra reseña, sino una reseña a una banda que está en las antípodas absolutas de lo último que había reseñado. Es así que, después del rock progresivo exquisito e infalible de Pablo el enterrador, les traigo el punk visceral y pantanoso de una banda igual de buena y muy desconocida en esta parte del mundo: The Gun Club. Vamos con ella.

The Gun Club es una banda famosa (famosa hasta ahí nomás) por mezclar el punk con la música de raíces norteamericanas. Algo así como The White Stripes, pero incluso mejor. El principal artífice de este grupo fue el guitarrista y vocalista (pero principalmente guitarrista) Jeffrey Lee Pierce, a quien considero el más creativo del género en su instrumento. Incluso mejor que el sublime Johnny Thunders. En una reseña a este grupo, es inevitable que tenga que contar la historia de este genio musical absoluto, así que agárrense.

Jeffrey nació un 27 de junio de 1958 (bah, como si hubieran más 27 de junio de 1958. Lo que hay es 27 de junio de otros años, así que esa generalización está de más). Era el hijo de un matrimonio multiétnico, de padre anglosajón y madre mexicana. Aprendió a tocar la guitarra a los diez años y se mudó a El Monte (Los Ángeles) durante la adolescencia. Años más tarde, ya en los 70, se interesó por el glam rock y el rock progresivo, lo cual contrasta mucho con el típico punkito que odia a muerte a este último género. A mediados de esa década, vio en concierto a Bob Marley, lo que lo volvió fan del reggae y lo inspiró a ir a Jamaica para nutrirse de esa música. También era muy fan de Blondie y de Debbie Harry en particular, hasta el punto de ser presidente del club de fans de la banda en la sede de Los Ángeles. Ya a finales de la década, se vio muy inspirado por el emergente punk, sobre el cual escribía para la revista Slash. Además de esto, dejaba ver su conocimiento del blues, el rockabilly y el ya mencionado reggae en sus escritos, los cuales firmada con el seudónimo «Ranking Jeffrey Lea», con lo cual ya desde su nombre incitaba al público a que lea. Obvio que nadie le dio bola porque esa es una palabra en español y esa gente no tiene ni idea de otro idioma que no sea el inglés. Pero bueno. En esa misma época decidió meterse en la música ya no como un mero escritor de artículos, sino como un intérprete. Fue acá que conoció a Phast Phreddie Patterson, quien lo introdujo en la música de raíces, además de interesarse por la movida No Wave de Nueva York. Siendo Lee el melómano que era, empezaba a sentirse desilusionado por la chatura y lo estricto que se estaba volviendo el punk, por lo que decidió revitalizarlo fusionándolo con otros estilos.

A partir de acá, convenció a su amigo Brian Tristan (más conocido como Kid Congo Powers) de tocar la guitarra y desarrollar un estilo propio, tras lo cual lo invitó a formar parte de lo que sería el germen de la banda que nos compete: Creeping Ritual. También tuvo la oportunidad de hacerse amigo de su amada Debbie Harry, quien hasta le pasó una receta para teñirse el pelo del mismo rubio que ella. Con el tiempo, a Creeping Ritual se sumaron el baterista Terry Graham y el guitarrista Rob Ritter y se transformaron en los ya conocidos The Gun Club, nombre sugerido por el compañero de habitación de Pierce, que era Keith Morris (de Black Flag y Circle Jerks). Y de ahí, corte que grabaron las canciones de este disco, corte que Chris D. (de The Flesh Eaters) les produjo cinco de los temas, corte que Tito Larriva (de Tito & Tarántula) les produjo los otros seis, corte que el disco salió en agosto de 1981, corte que el disco fue un éxito y muy influyente…

CORTE QUE TE PONGO (Capusotto as Juan Estrasnoy did it).

Bueno, ¿qué podemos decir de esta obra que es otra de mis favoritas? Pues que es un tremendo disco punk. Punktanoso, impunktante y sin punkralelos en ese momento, ya que todo lo que se punkrece salió después y fue directamente inspirado por esta obra. No por nada este disco es considerado el inicio del género llamado punk blues. Me animo a decir que este disco captura mejor la esencia del azules que muchos discos de Led Zeppelin y de Cream. Jeffrey parece la reencarnación directa de Robert Johnson y se corona como un pilar de la guitarra en un género tan limitado. Quizás no suena tan profesional ni técnico como el mencionado varios párrafos atrás Johnny Thunders pero, en materia de creatividad, deja incluso a un capo como él a la altura del Robert Johnson pre Encrucijada. Claro que, como digo siempre, ninguna innovación técnica vale si no hay buena música que lo respalde. Afortunadamente, todas las canciones están bárbaras. De la primera a la penúltima. Solamente el cierre, llamado Goodbye Johnny, se queda un poco atrás. No tiene arreglos ni sonidos deslumbrantes, pero zafa porque queda muy adecuado que el título del tema tenga la palabra Goodbye. Ah, y porque el tema sigue siendo bueno y da cierto aire de despedida. Quizás le falta explotar un poco más, o quizás lo más adecuado sea que no sea del todo explosiva y se contenga un poco. Cada quién puede tomarlo o dejarlo. Yo lo tomo. Con reservas, pero lo tomo.

Los otros diez temas son un rosario absoluto de clásicos del género. La apertura, Sex Beat, va creciendo como la serpiente del Snake cuando come una bolita y atacando sin piedad como Solid Snake de Metal Gear cuando tiene que cumplir una misión y no hay lugar para ser sigiloso. Desde el guitarreo punzante y marcado del inicio, pasando por los versos bañados en veneno hasta el estribillo rockabilly, no hace más que hacernos brotar adrenalina por los poros. Yo conocía este tema porque apareció en el juego de Scarface que salió en 2006, el cual jugaba con amigos entre 2010 y 2012, pero en ese momento no conocía a la banda, así que no pude presumir cultura musical. Una lástima. También tenemos dos versiones de viejos bluesmen conformando lo que TV Tropes llama «bookends». Es decir, cuando dos escenas encajan perfectamente. Es así que estos covers hacen de anteúltimo y posprimer tema. Preaching the Blues es del ya mencionado Robert Johnson, y acá suena como una canción de rodeo. Entre el ritmo galopante, el riff de guitarra y la entonación vaquerizada de Pierce, la canción es un caballo furioso que se resiste a ser domado, y ese cierre súbito definitivamente nos tira de la silla de montar. Esta canción es una fiera. En contraste, Cool Drink of Water (de Tommy Johnson) es más tranquila, pero no por eso menos tensa ni menos excelente. Ese guitarreo seco como desierto (muy acorde a la letra) y el bajo marcando un ritmo típico del blues son una de las mejores representaciones musicales de lo que es estar sediento. El tema explota en solos cada tanto, pero nunca termina de saciar, lo cual está bien porque es lo que busca representar. Al final, todo se apaga como cadáver que terminó de descomponerse al sol. Otra gran muestra del conocimiento del lenguaje blues que manejan estos muchachos.

Nos quedan siete temazos por describir. For the Love of Ivy es una dedicatoria a Poison Ivy, cofundadora de The Cramps. La guitarra suena totalmente electrizante, como si en vez de cuerdas tuviera cables de alta tensión. Esto es muy oportuno, ya que Poison Ivy es también el nombre de un personaje de Batman, y hubo un capítulo de la serie animada de Batman en el que esta y Harley Quinn se juntaron con la enemiga de Superman conocida como Livewire. La palabra livewire significa literalmente «cable de alta tensión», así que ahí hay una coincidencia que no alcanzamos a ver. Volviendo al tema, amo cómo Jeffrey se desgañita gritando y gimiendo y gruñendo. Cuando parece que el tema va a terminar en silencio, grita «I was all dressed up like Elvis from hell, HELL», los instrumentos revientan en potencia por un par de segundos y, ahora sí, cierra. Promise me me recuerda un poco al disco «Up on the Sun» de Meat Puppets. Es totalmente hipnótica en su combinación de violines, arpegios crecientes y la voz casi susurrada y casi delicada de Jeffrey. Ghost on the Highway tiene un riff muy parecido al que aparece al cuarto minuto de Great King Rat de Queen, pero mucho más violento y acelerado, como si un auto estuviera escapando del fantasma de la carretera que menciona el título, con esos slides filosos que bien podrían ser ruidos de almas en pena. Black Train tiene un ritmo de batería insaciable e imparable que parece la marcha de un tren, y esos arreglos de guitarra a los que la voz remata con agudos rasposos completan la imagen. Y ya que estamos con simbolismos para hablar de la música, She’s Like Heroin to me es heroína corriendo por las venas, lisa y llanamente. En este caso no me esforcé mucho en trazar un paralelismo, pero es lo que busca la canción, así que no voy a mentirles y decir que representa otra cosa. Lo que sí voy a decirles es que su estribillo se clava con la fuerza de una aguja y que el frenesí que corre en sus dos minutos con cuarenta segundos no deja indiferente a nadie. Dejándonos de metáforas, Jack on Fire es lo que los españoles llamarían «chulería pura». Es imposible que el riff mastodónico y el carisma vocal no te tengan pegado al reproductor de música como un idiota incapaz de masticar chicle y cruzar la calle al mismo tiempo, sobre todo en esos ruidos gloriosos de guitarra que van apareciendo sobre el final. Por último, Fire Spirit quizás tarda un poco en agarrar ritmo pero, una vez que lo hace, agarrate Catalina que Claude le pega un bazucazo al helicóptero en el que intentás escapar en la última misión de GTA 3. Ese estilo entre punk y rockabilly la rompe completamente. Todos temazos, ¿qué más puedo decir?

Y… que este es un discazo, pero la verdad es que con esto no digo nada que no haya dicho ya. Y bueno, no hay otra forma de definirlo. Es uno de los mejores discos punk de la historia. Con un estilo diferente a todo lo conocido y cargado de temazos. Aun así, tan buena como es esta obra, considero que su mejor momento todavía estaba por venir. Su segundo disco quizás no cambiaría mucho de estilo, pero perfeccionaría aun más lo que se escucha acá. Aunque ya vamos a hablar de aquél. De momento quedémonos con esta maravilla de disco debut y con su innovación indiscutible. Otro infaltable en cualquier colección.