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lunes, 15 de mayo de 2023

Los fabulosos Cadillacs - El satánico dr Cadillac


Nota: 7+
Mejor tema: El satánico Dr Cadillac.
Peor tema: El mensaje soy yo.

1)      El satánico Dr Cadillac
2)      El mensaje soy yo
3)      Chico perdido
4)      Mi nombre es Travis
5)      El golpe de tu corazón
6)      Contrabando de amor
7)      Fiebre ‘90
8)      Rudy (un mensaje para vos)
9)      El sonido joven de América
10)    Todas las cosas que ella me dio
11)    Verano salvaje

 

Antes de empezar esta reseña, quería pedir perdón por seguir rompiendo las bolas con los Fabulosos Cadillacs. Muchos pensarán que he caído bajo al darle tanta pelota a un grupo insustancial como este, y encontrarán imperdonable el hecho de que, hasta el momento, sea el grupo que más entradas tiene en mi página junto con los Beatles y Spirit, y que encima vaya en camino a superar esos números. Sin embargo, en primer lugar, esto es algo temporal. Cuando haya escrito más cosas de esos y otros grupos, esto que estoy poniendo ahora va a quedar desfasado, como esos youtubers que empiezan sus videos diciendo «Hola, ¿cómo les va en este (introducir día en el que suben el video)?», siendo que uno los puede ver cualquier día posterior al momento en el que lo subieron. En segundo lugar, les prometo que esta banda no es tan insustancial como pudiéramos pensar a partir de los temas suyos que conocemos de la radio. Se van a poner más interesantes pronto. El repasar toda su discografía previa es solamente un trámite para llegar a lo bueno. De paso, disfruto escribir sobre discos que no son maravillas precisamente, así que perdón las pelotas. Es mi página y se hace lo que yo quiero (?). Dicho esto, vamos a lo nuestro.

Ya hemos contado que su anterior disco, a pesar de ser lo mejor que hicieron hasta el momento, no tuvo tanto éxito. Como ya dije, no fue tanto culpa de ellos, sino de las políticas económicas que se aplicaron en la época que complicaban el acceso a ciertos bienes, como los discos. A estos problemas externos, hay que sumarle el problema interno de que la banda se había peleado con su manager, Alejandro Taranto. El tipo intentaba presionarlos para que lograran otro éxito como el que tuvo el tema Yo te avisé, que seguía siendo su mayor logro comercial hasta ese momento. Al final lo terminaron echando y dedicándole el tema titular. Igualmente, a pesar del mal momento que atravesaban, se metieron a grabar su siguiente material, y el proceso de grabación se dio entre septiembre y octubre de 1989. El disco fue lanzado ese mismo año, y tampoco fue ningún éxito de ventas. Vamos a revisarlo.

Bien, bien, bien. Lo primero que tengo que decir acá es que, desgraciadamente, el disco no continúa la línea ascendente que venía mostrando el grupo en términos de calidad. No es un bajón tremendo, pero sí considerable. Nuevamente, no es culpa del grupo en su totalidad. Entiendo que una situación económica que les impida vivir de lo que aman va a sacarles las ganas de esforzarse. O sea, ¿conocen ese dicho que dice «trabajá de lo que amás y nunca más vas a volver a amar de nuevo»? Bueno, esto mismo seguramente les pasó a los chicos. Obviamente estaban más preocupados por poder ganar unos mangos que por seguir evolucionando, así que puedo comprenderlo. Después de todo, la música está hecha por humanos (salvo que se use una inteligencia artificial de las que tanto abundan en estos días), y los humanos tenemos nuestros malos momentos. Aun así, no voy a ser tan malo con el disco, ya que sí noto un par de avances dentro de que no es un trabajo tan sólido. El primero es que, si bien no todas las canciones llegan a ser obras maestras, hay menos relleno globalmente que en anteriores discos. Mientras que antes teníamos al menos dos temas de sobra por álbum, acá hay solamente uno que no me gusta. El resto, sin deslumbrar, se disfruta y no ofrece ningún sobresalto desagradable. El segundo avance es que uno de los temas de este disco es, quizás, la mejor canción que el grupo hizo hasta ese momento. En total, se puede decir que plantea una cierta evolución para la banda esta obra, a pesar de no haber sido concebida así. Eso es valorable.

Ahora sí, hablemos primero de los dos temas más destacables (para bien y para mal). Y ambos están al mismísimo principio, así que me facilita el trabajo. El tema que da nombre al disco y que lo abre es una maravilla. No me alcanzan las palabras para explicar cuánto amo esta canción, pero voy a intentarlo igualmente. Rítmicamente sigue el estilo bailable que venían proponiendo, pero no es tan insustancial. De hecho, el tema tiene alma y arte, y se nota en lo oscuro que es. Nunca habían hecho algo tan oscuro antes. A pesar del ritmo, remite más a un exorcismo que a una fiesta. Toda esta bronca y oscuridad llega a la catarsis en el estribillo, y esa catarsis llega a otra catarsis con ese remate «los cadillacs tocando para vos/los cadillacs tocando para vos». No es la primera vez que se compone un gran tema en respuesta a un manager abusivo, sino que también tenemos cosas como Death on Two Legs de Queen y The Writ de Black Sabbath, pero me encanta que esta banda continúe con la tradición. Algún día me voy a hacer manager también y voy a terminar cagando a los grupos y artistas que apadrine para que se inspiren a componer grandes canciones. Y no, no va a ser por amor a la guita, sino por amor al arte. El tema que destaca para mal es El mensaje soy yo, un rap patético pletórico de ritmos repetitivos y básicos, un scratch detestable de DJ, un asqueroso dueto entre Vicentico y Luciano Jr. (el mismo tipo de Belcha. Sí, ese tema va a ser mi eterna mala referencia en la página de este grupo), y un estribillo sonrojante. Y ojo, que no hablo de ese sonrojamiento agradable que sentimos cuando vemos a la chica (o al chico) que nos gusta, sino el de saber que estamos ante una situación vergonzosa como lo puede ser el escuchar a una banda de talento sacrificando el buen gusto para vender un poco más. Ya de por sí el tema es malo, así que imagínense el efecto nefasto que causa el escucharlo después de la maravilla del tema anterior. Bah.

Por suerte, el resto de los temas están muchísimo mejor. Mi favorito es Contrabando de amor, que fue otro éxito de este disco, aunque solo moderadamente. Es un tema más new wave en su vertiente pop. Aunque en menor medida que en los dos primeros discos, el grupo todavía se niega a dejar ir completamente el estilo, pero se perdona porque son los 80. Además, esta canción es fantástica. La melodía puede parecer infantil, pero hasta para hacer canciones simples e infantiles hay que ser inteligente, y el grupo lo es. El estribillo rulea y los arreglos instrumentales son el perfecto acompañamiento a la melodía vocal. Chico perdido tiene como un sabor a rapeo en los versos, pero no es tan indigesto como en el segundo tema, así que está bien, además de que musicalmente es todo virtudes. Las armonías vocales están muy bien, y también lo están los arreglos de teclados y esas trompetas giratorias. Mi nombre es Travis me llama la atención por su letra referida a Travis Bickle de la película «Taxi Driver» y por tener algunos extractos de diálogos de la misma, pero no se sostiene solo en estos detalles, sino que la música realmente transmite ese ambiente nocturno, sucio y solitario de la obra de Scorsese. Por Dios, si hasta los coros quedan bien a pesar de lo repetitivos. ¿De qué me voy a quejar, entonces? Prefiero simplemente pasar a otras canciones como El sonido joven de América, que suena a lo que sonarían los Beach Boys si fueran argentinos y tocaran ska, o El golpe de tu corazón, otra canción romántica e intimista que funciona mucho mejor que varios intentos de anteriores discos. Ambas tienen melodías muy entretenidas y resultonas dentro de lo que cada una se propone, así que les doy el visto bueno. Fiebre ’90 es de las que más playeras suenan en el disco y, así, de las que más hacen justicia a la portada. El ritmo es tremendamente adictivo y dan ganas de «marcar el paso latino», como dice la letra. Los latinos no somos pura pachanga y joda como los yanquis y europeos quieren creer, pero que los prejuicios los tumbe otra persona. Yo prefiero bailar este ritmo. Todas las cosas que ella me dio es como un ska con toques de surf rock, pero la combinación termina ganando por todos los flancos. Lo único que me jode un poquito es ese pitido del teclado que suena en ciertos momentos, pero no es ni a palos tan molesto como en el primer álbum, así que no me voy a quejar. Verano salvaje cierra el disco con una cierta conciencia de que es un cierre, y es un buen final de fiesta gracias a su estilo punk festivo (¿o debería llamarlo ska agresivo?). Ese «voy a la playa/voy a la playa/largo verano» de la coda me trae a la cabeza imágenes de cuando uno era chico y disfrutaba a tope los últimos días de vacaciones antes de volver a la escuela, y es una muy linda imagen mental, así que me parece fantástico como cierre. Nos queda Rudy (un mensaje para vos), que es un cover del músico jamaiquino Dandy Livingstone. Suena un poco más argentinizada y enérgica que la original de Piedra viviente, pero eso es lo importante en un cover. Darle tu propia vuelta de tuerca a lo que hizo otro artista. No es ninguna maravilla, pero es simpática y es la más corta del disco, así que dejémoslo ahí.

Perfecto. Todo perfecto. El disco, entonces, no es tan terrible considerando las pocas ganas que debían tener de grabar los muchachos. Tenemos tan solo un tema malo y el resto va de lo disfrutable a lo espectacular. Tampoco es que lo espectacular sea una norma acá, pero ese pico que tiene es lo más alto a lo que llegaron hasta ese momento en su carrera. Además, son más autoconscientes de sus limitaciones, y esto se nota en la duración de las canciones. La más larga llega solo a los cuatro minutos y medio. No es que un disco sea mejor por ser más corto, pero al menos esto evita que sus muy disfrutables canciones se vuelvan pesadas y estén dando vueltas más tiempo del tolerable. Al final, el conjunto es lo que me gusta llamar «un paso adelante y medio paso atrás». Es decir, no están tan adelante como deberían estar, pero a la vez se nota que van naturalizando la consistencia y el buen hacer. En definitiva, pese a todo, no hay grandes motivos para preocuparse. Nada más que decir.

viernes, 12 de mayo de 2023

Los fabulosos Cadillacs - El ritmo mundial


Nota: 8
Mejor tema: Vasos vacíos.
Peor tema: Es tan lejos de aquí.

1)      Es tan lejos de aquí
2)      Revolution Rock
3)      Vasos vacíos
4)      Siempre me hablaste de ella
5)      Botella de humo
6)      Conversación nocturna
7)      Tengo solamente dos maneras de estar cerca del cielo
8)      Más solo que la noche anterior
9)      Número dos en tu lista
10)    Twist y gritos
11)    Te tiraré del altar


Bastante mejor. No bastante bastante mejor, como era «Yo te avisé!!» con respecto a «Bares y fondas», pero bastante con un solo bastante sí, y eso es bastante. Los Cadillacs siguen puliendo su sonido y mejorando pasito a paso su nivel compositivo e interpretativo, al punto en el que puedo decir que este es un buen disco. Ya no decente o pasable, sino bueno, y eso es todo un halago de mi parte, pero vamos por ídem (o, mejor dicho, «ídems», ya que este segundo «partes» es plural).

El anterior disco no solo le había dado fama a la banda dentro del país, sino también en países limítrofes, como Chile y Perú. Acá en Argentina, como ya eran demasiado prestigiosos para los bares en los que solían tocar, decidieron hacer un recital en el estadio Obras Sanitarias, el cuál fue muy exitoso y multitudinario. Ya libres de las obligaciones de las giras, a fines de octubre de 1988 comenzaron con su nuevo material. Este disco fue grabado en el estudio Panda y producido por Mario Breuer. Originalmente se llamaba «El ritmo mundial: La revolución del rock» en su versión long play, pero se acortó su nombre cuando lo pasaron a CD. La banda deseaba seguir incorporando influencias de diversos estilos del tipo caribeño, a tal punto que incluso contaron con la participación de la legendaria Celia Cruz, aunque ella estuvo más por necesidad de popularidad y dinero que por gustarle el grupo, del cual no había escuchado nada. Pero bueno, una colaboración es una colaboración. En cuanto a la recepción del trabajo, fue bien recibido por la prensa pero aun así tuvo pocas ventas (aunque esto fue por razones políticas y económicas más allá del poder de la banda). Una lástima, ya que el disco está más que bien.

Bueno, ya básicamente les resumí lo que pienso del disco, pero un resumen, como la palabra lo indica, es algo extremadamente breve y poco informativo. Yo quiero una excusa para escribir mucho y desplegar mi mundo interno de ideas, así que ahí vamos. El disco comienza a tener un sonido más cercano a lo latino, lo cual luego se iría acentuando más en trabajos siguientes. También se destaca que ya prácticamente no quedan rastros de la música new wave (excepto por Número dos en tu lista, que para colmo suena muy bien). Si bien, como escuché decir muy acertadamente a alguien de Twitch, el new wave es un género de características muy poco claras como para considerarlo algo más que «un género paraguas», yo me refiero a que no queda nada de tecnológico y futurista en el sonido del grupo, ya que estas canciones siguen teniendo ese músculo Talkingheadesco, y todos sabemos que Talking Heads fue una de las bandas capitales de dicho estilo. Supongo que me entienden. Pero bueno, todo esto no serviría de nada si las canciones no estuvieran bien escritas e interpretadas, y lo están. Ninguno de estos temas me gusta más que El genio del dub, pero el conjunto está mucho más pensado y trabajado que el de cualquiera de los dos discos anteriores. La distribución de canciones es muy adecuada e inteligente. Salvo por el principio y el final, claro. Es tan lejos de aquí abre con un agradable ritmo juguetón y unos «uh, ah/uh uh ah» bastante simpáticos y pegadizos, pero después llegan los otros coros «uo uo uo uo ua» que nos hacen sospechar de que algo no anda tan bien con la canción, lo cual nos termina de confirmar el horrendo y ridículo rapeo de los versos y, como si fuera poco, siguen repitiendo ese coro decadente con menos gracia que muchos shows de stand up. El único motivo por el que no la marco en azul es porque instrumentalmente se sostiene y porque, cuando cantan como la gente, resulta bien. No por eso deja de ser una mala elección para abrir el disco, así como tampoco fue una gran elección cerrarlo con Te tiraré del altar. Si bien esos coros de barra borracha pueden hasta llegar a ser graciosos, hay una parte en la que creo que canta el mismo tipo que había cantado en Belcha del debut, y lo hace igual de mal. ¿Era necesario reflotar elementos de ese tema horrible? Y, lo más importante, ¿era necesario poner los dos temas más flojos justo en los dos momentos más importantes y definitorios de un disco como lo son su comienzo y su conclusión? Por el amor de Dios, no aprenden más.

Bah, estoy exagerando. Aunque lo hagan despacito, sí aprenden, y se nota. El resto de las canciones son realmente entretenidas y bien hechas. Me llama la atención que el grupo introduce una premisa muy novedosa e interesante para futuras bandas, que puede resumirse en «hacer covers de covers». Sí, así como escucharon. Revolution Rock es un cover de un tema de The Clash que en realidad era un cover de unos tales Jackie Edwards y Danny Ray, y Twist y gritos es un cover de los Beatles que en realidad era un cover de The Isley Brothers. Un seguidor de esta propuesta fue el personaje de Capusotto llamado «Lalo Ranni, el doble de Copani», que era un músico que le hacía tributo a Ignacio Copani haciéndole tributo a otros artistas. Un doble homenaje lo llamaban. Con respecto a lo que hacen los Fabulosos, pensaba empezar diciendo que Revolution Rock suena más fiestera y menos combativa, pero la versión de The Clash también era bastante relajada. En todo caso, podemos decir que los Cadillacs la hacen sonar más apta para un cumple de 15, y no lo digo despectivamente. De hecho, me gusta más su versión que la de los ingleses, ya que tiene más energía, grandes solos de instrumentos de vientos (de los cuales el primero suena extrañamente etéreo) y, lo más importante, ¿me van a decir que no les encanta cuando dice «llamá a tu viejo/llamá a tu vieja»? O sea, está bien que el rock es (o era) justamente para rebelarse de los padres, pero ese es un sentimiento muy adolescente. Con el tiempo uno se da cuenta de que lo más importante es el tiempo que pasamos con nuestros seres queridos. Sí, me puse muy sentimental, pero está bien. No todo son jodas acá. También hay lugar para la belleza y la nostalgia en mis críticas. Vamos a arruinar este momento en un rato. Con respecto a Twist y gritos, toma también elementos de La bamba y mezcla todo. Si bien la versión de los Beatles ya tenía gusto a fiesta, los muchachos lo que hacen es sazonar de ese sabor particular al tema, y el resultado es un auténtico gozo. No es una maravilla, pero siempre voy a respetar cuando un artista no toca las versiones al pie de la letra sino que le ponen un poco de lo suyo, que es lo que hacen los Cadillacs acá, y no lo hacen nada mal. Buenas versiones.

Del resto de las canciones quisiera destacar tres especialmente. La primera es la celebérrima Vasos vacíos, que es una de las que tuvo la participación de Celia Cruz. Sin importar si está acá por los verdes, la reina de la salsa está en su ídem. El tema es elegante, urbano y romántico, con una gran alternancia entre Celia y Vicentico durante los versos y un inolvidable dueto en el estribillo que me hace imaginar una cena durante el atardecer en un restaurante al lado del mar. Muy específica la imagen, pero es lo que me provoca. No puedo hacer nada con mi subjetividad. Hermoso tema. También me gusta mucho Número dos en tu lista, que es más una especie de pop ochentoso acústico con toques de The Cars y de los Kinks de «State of Confusion». La melodía vocal es conmovedora y pegadiza a partes iguales, la línea de bajo elástica le da dinamismo al conjunto y el teclado es de lo mejor que hizo la banda en este estilo. Toda esta combinación hace que la historia que cuenta la letra, sea una joda o algo sincero, llegue al corazón. No es normal para ellos hacer este tipo de canciones, así que aprovechémosla mientras dura. El tercer momento que quería destacar es Siempre me hablaste de ella, que tiene un ritmo de guitarras acústicas y eléctricas muy movido, un gran riff de trompeta que engancha en su sencillez y un estribillo que me llama la atención ya que parecería que va a desarrollarse como algo más complejo tras ese «siempre me hablaste de eeeeeeellaaa» alargado, pero que nunca lo hace. Puede parecer un desperdicio de potencial, pero creo que ese coro funciona muy bien como está. Un buen día la podría marcar en rojo.

Los otros temas no destacan tanto, pero tienen lo suyo. Botella de humo tiene unos coros «uououo» que me hacen reír por la forma en la que el grupo los enfatiza, un solo de teclado casi infantil y un estribillo algo más pesado y agresivo rematado por un bajo burbujeante. Conversación nocturna me llama más la atención por su ritmo combativo que parece un adelanto de las inclinaciones políticas que el grupo expresaría más adelante en canciones como Matador y El león, aunque su letra no tenga nada de político. Tengo solamente dos maneras de estar cerca del cielo es algo parecida estructuralmente a Botella de humo (ritmo movido en los versos, estribillo que enfatiza los acordes de la guitarra y las palabras del cantante, remate de bajo al final del estribillo), pero es una buena segunda parte. Además, me da risa que el coro que dice «say what?» suena tan desquiciado que me lo imagino cantado por David Byrne. Y esta no va a ser la última referencia a Talking Heads en el apartado de esta banda, ya lo verán. Por último, Más solo que la noche anterior tiene un ritmo que no encaja con el mood que uno se esperaría con ese título, pero logra crearme la imagen mental de un baile frente al mar que sí va con la letra. También, algunas partes cantadas tienen una cadencia que me recuerda al rap, solo que queda mucho más natural que lo que intentaron hacer en el primer tema, así que está bien. Además, cuenta también con la participación de Celia Cruz, y eso es una garantía. No son canciones espectaculares, pero son mucho mejores que el relleno de los dos anteriores discos.

Y ahí tenemos nuestro álbum. No es ni a palos el grupo en su pico absoluto, pero sí en su pico parcial. Es decir, quizás es el mejor disco de su etapa más bailantera y complaciente. Todas las canciones tienen algo que ofrecer dentro de las limitaciones de ser una música poco seria. Es que lo «poco serio» no necesariamente tiene que ser algo malo. Cada tanto está bueno escuchar algo que nos saque de la esfera Pink Floyd y King Crimson. Y ojo, que no digo que este disco sea una obra comparable a lo que hacen esas bandas. Ni ahí. Todavía conservo el criterio musical intacto. Lo que digo es que es tan pelotudo el que solo escucha música pasatista que no le hace pensar en nada como el intelectualoide que solo escucha música complicada para alimentar su mitomanía de que es más inteligente y refinado que el resto de las personas. En la vida se necesita un balance, hay que consumir música de todo tipo. Pero bueno. Si solo querés tener un único disco de música lo bastante tonta como para que tus neuronas quieran hacerse el harakiri pero lo bastante inteligente como para que a último momento digan «pará un momento, che. Esto no es tan terrible», lo encontraste. En resumen, otro avance en la carrera de los muchachos.

jueves, 11 de mayo de 2023

Los fabulosos cadillacs - Yo te avisé!!


Nota: 7
Mejor tema: El genio del dub.
Peor tema: Muy muy temprano.

1)      El genio del dub
2)      Botellas rotas
3)      Mi novia se cayó en un pozo ciego
4)      Una ciudad llamada vacío
5)      Cadillacs
6)      Yo no me sentaría en tu mesa
7)      Yo te avisé
8)      Muy muy temprano
9)      Estoy harto de verte con otros
10)    Aún los escuchamos cantar


Bastante bastante mejor. Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para los Cadillacs. Aunque un disco de siete puntos no pueda ser considerado como algo para festejar con champán, sí que es un avance considerable con respecto a los que nos había mostrado el debut. Ahora mismo les desarrollo esto.

Como ya sabemos, el primer disco de la banda no había sido del todo bien recibido por la crítica (y con justa razón, como ya hemos visto). Este fracaso hizo que la disquera con la que grababan diera por finalizado el contrato. Sin embargo, los Fabulosos Cadillacs estaban decididos a demostrarles a todos (entre los que me incluyo) que lo suyo iba en serio. «En serio» en el sentido de no ser serios en el fondo pero sí en la forma, si entienden a lo que me refiero. De hecho, el nombre del disco hace referencia a que ellos sabían que iban a ser una sensación, aunque los profesionales no les hicieran caso. Fue así que consiguieron un contrato con CBS. Esta obra se conforma de temas que venían ensayando en bares y fue producida por Andrés Calamaro, grabada y lanzada a la venta en 1987. Su misión (ser tomados en cuenta) fue cumplida, por lo que ganaron respeto (como en la mayoría de las misiones de GTA San Andreas) y hasta se pudieron permitir dar recitales fuera del país, llegando incluso a ganar la certificación de doble disco de platino. Nada mal para su segundo intento.

Ahora, ¿está la obra a la altura de semejante éxito? Y… esto depende de con qué ojos lo miremos. Si lo vemos desde la calidad intrínseca del disco, es un poco exagerado tanto quilombo por un disco meramente decente con apenas un par de clásicos. Sin embargo, el contexto es importante (¿cuándo no lo es?). Si lo analizamos en su época y lugar, sí merece la gloria que cosechó, ya que la fusión de estilos que proponen los músicos era muy novedosa, además de que seguramente el disco era de lo mejor que había dentro del mainstream. Digo, había grupos mejores haciendo cosas mejores, seguro, pero no eran lo bastante reconocidos ni encajaban tan bien con el gusto popular. Era una lotería, y los Cadillacs sacaron el premio gordo no solo por suerte, sino también por inteligencia. Y es que, una vez más, hay avances por todos lados. Las canciones, aunque no sean la maravilla, suenan más pulidas y acabadas, el sonido es mucho mejor, comienzan a meter más influencias de la música con la que se sienten cómodos (como el reggae y el dub) a la vez que van eliminando los elementos que no van con su sonido. También, y esto merece un apartado en sí mismo, los benditos teclados por fin suenan bien. Estas diez canciones no forman un conjunto muy diferente del debut en lo estilístico (incluso con los nuevos ritmos que exploran), pero a la vez se nota que hubo más esfuerzo en la composición. Aplaudo eso.

De hecho, las primeras cinco canciones son muy pero muy buenas, y podría haberle subido un puntito al disco de haber consistido solamente en ellas, como un EP. Los dos grandes clásicos son los dos temas más conocidos. El genio del dub empieza el disco en una nota altísima, con esos toques ceremoniosos de platillos y su guitarra de tintes psicodélicos. Estos primeros treinta y cinco segundos ya valen más que todo el disco anterior, y después se pone mejor con su dub pletórico de trompetas y percusiones sabrosas. Además, me gusta cómo la letra parece ser una sátira a esa gente con vibras de gurú que se hacen los boludos frente a los problemas del mundo y que no se dan cuenta de que son parte del problema. En ese contexto, el ritmo del tema crea una ironía genial. Mi otra favorita es Mi novia se cayó en un pozo ciego, que es famosa por ser una de las primeras canciones del rock argentino en incluir una palabra malsonante (aunque sea levemente) como lo es «carajo», pero lo importante está en la música. El tecladito de feria del que tanto me había quejado en el pasado hace de acompañamiento ideal en esta ocasión, la melodía mareante y jocosa de trompetas es fantástica, y el estribillo a varias voces es un garco de risa. Es una canción ridícula, pero de esa clase de ridiculez premeditada que resulta más simpática que vergonzosa. Me encanta. Y las otras tres canciones de la primera mitad tampoco tienen desperdicio. Botellas rotas tiene un «empuje» más punk pero nunca pierde ese sentido caribeño y fiestero gracias a sus melodías y arreglos. La melodía está buena y me pone de buen humor, así que la apruebo. Una ciudad llamada vacío abre la puerta y se va de la fiesta que es el resto del disco, ya que tiene un tono más solemne y decadente. No pierde el ritmo, pero tampoco es lo que pondría para animar un cumpleaños de 15. Está en un punto medio bastante difícil de encasillar, pero vuelve a estar muy bien armada y no le faltan buenos clímax. Por último, Cadillacs es quizás lo mejor de lo menos mejor de lo mejor entre lo mejor de este disco. Un instrumental de dos minutos que tiene un ritmo de bajo muy new wave y un humeante solo de teclado. Es de las que más me recuerda en su estilo al debut, pero está mucho más trabajada que casi cualquier cosa de allá. Notable primera mitad.

Tristemente, la segunda mitad no logra ese alto nivel. No hay nada ofensivo como en el primer disco, pero nada notable como la racha que venían manteniendo acá. El tema titular tiene una melodía bastante pegadiza, pero digamos que sí llega a dar un poquito de vergüenza si estamos distraídos. Fue el tema más exitoso del grupo por un tiempo, y la verdad es que a veces no entiendo el gusto de la gente. Yo no me sentaría en tu mesa combina ritmos caribeños con coros a lo Ramones, y funciona hasta cierto punto, pero no me da la sensación del grupo funcionando a tope. Igualmente, lo peor es la tríada de cierre. Tres canciones demasiado largas, de las cuales Muy muy temprano es la menos estelar. Sigue un estilo reggae a la manera de Sumo y, por muy interesante que pueda ser escuchar a los Cadillacs jugando a ser Sumo, seis minutos con divagues y alargues innecesarios de por medio no conforman el mejor homenaje que podrían haberle hecho a Luca Prodan. Estoy harto de verte con otros intenta algunos cambios de ritmo que, si bien salvan al tema de la monotonía, no alcanzan a crear algo memorable. Por último, Aún los escuchamos cantar intenta ser un canto reivindicativo, pero aun así no me gusta demasiado. Entiendo la intención, pero para que resulte en algo sentido se necesita cierto talento y precisión que todavía no manejaban. No sé ustedes, pero yo no puedo asociar esa intro de teclado y esa melodía con un canto conmovedor. Supongo que es cuestión de estilo (Bob Marley también hacía canciones combativas con ritmos caribeños, por ejemplo), pero este tema en particular no me llega, así que será más problema del grupo que de otra cosa.

Pero no importa ya que, tanto en lo mejor como en lo peor, este disco es un gran avance para la banda. Solo El genio del dub y Pozo ciego pueden considerarse clásicos Cadillac, pero recordemos de dónde venían. Poder entregar dos temas de ese nivel después de no haber embocado una con «Bares y fondas» debería ser considerado un logro. Y nuestro problema como consumidores de artistas consagrados es que rara vez analizamos sus discografías como conjunto ni nos ponemos a comparar escalonadamente su obra. Que los primeros discos de un artista o banda sean ya obras excelentes y consistentes de pies a cabeza es algo más raro de lo que pudiéramos pensar. Incluso entre quienes arrancan con obras maestras, estas suelen ser trabajos de un espíritu muy adolescente y amateur. Esta es una de las entregas más flojas de los Cadillacs a nivel global, pero lo único con lo que podían compararse en su momento era con su debut y, bajo esa luz, es un disco notable de una banda emergente. Hay discos latinos populares mucho mejores hoy en día, pero no sé cuántos había en ese momento, así que lo recomiendo desde una perspectiva histórica. Yo les avisé.

miércoles, 10 de mayo de 2023

Los fabulosos Cadillacs - Bares y fondas


Nota: 5
Mejor tema: Bares y fondas, supongo.
Peor tema: Belcha, sin el más mínimo atisbo de duda.

1)      Vos sin sentimiento
2)      Yo quiero morirme acá
3)      Galápagos
4)      La manera correcta de gritar
5)      Tus tontas trampas
6)      Bares y fondas
7)      En mis venas
8)      Silencio, hospital
9)      Noches árabes
10)    Estamos perdiendo
11)    Belcha
12)    Basta de llamarme así


Bueno, gente. Continúo expandiéndome en todas direcciones, y no porque me esté volviendo más gordo, que también, sino porque voy ampliando el espectro sonoro. Los que me conocen saben que yo le doy oportunidades a todo el mundo. Cualquier estilo es susceptible de sonar bien en las manos correctas y, aunque por la nota que le puse a este disco puede parecer que no, la verdad es que los Cadillacs es una buena banda. No todavía, pero pronto lo será. Hoy hablemos de sus muy humildes (por no decir carenciados o carecientes) inicios.

La banda comenzó en 1984 con el matrimonio conceptual-musical de Mario Siperman, Aníbal Rigozzi, Vicentico y Flavio Cianciarulo. Todos estos venían de grupos efímeros que habían creado cuando iban a la secundaria entre 1982 y 1983. Aunque no sabían mucho de música, les gustaba la idea y el concepto de ser una banda under, y sus influencias venían más del lado del ska, con grupos como Madness o The Specials, además del punk y post punk de gente como The Clash y Joy Division. Después entraron más miembros y llegaron a ser ocho. En un principio se hicieron llamar Cadillacs 57 (por el coche que manejaba el bajista Cianciarulo) pero, según se dice, se pasaron a llamar como los conocemos gracias a que en una ocasión fueron presentados con dicho nombre. Su primer concierto fue en enero de 1985 en Mar del Plata. Eran una banda chica, sin la visibilidad de otras, pero a la vez llamaron la atención de un considerable público por su estilo alternativo en el contexto de que la música que dominaba en el país era el synth pop y el new wave. Recién en el 86 firmaron con el sello Interdisc para grabar su debut en los estudios Moebio, y el productor sería Daniel Melingo (Los Abuelos de la nada y Los Twist), que era y es de los productores más respetados del continente. Los ensayos fueron en la discoteca Gaz, ubicada en Olivos, y en Fire, que estaba enfrente de la cancha de River Plate. El álbum originalmente iba a llamarse «Noches cálidas en bares y fondas», pero luego decidieron abreviarlo. Si bien el disco fue moderadamente bien recibido por el público, los críticos lo despreciaron por la inexperiencia y poca profesionalidad de los músicos, aparte del contenido de las letras. ¿Saben algo? Yo quiero sumarme al ejercicio de darle con un caño.

Es que, vamos a decirlo, este disco es muy medio pelo. Como no soy necio ni estúpido, voy a admitir que algunas melodías son decentes y que la fusión de estilos que proponen es interesante. Sin embargo, a la larga termina pesando más lo negativo que lo positivo acá. Vamos por partes. Primero, los teclados son impresentables. No por las melodías que toca (al menos, no siempre por esto), sino por el tono aflautado tan típico de los 80. Tan feo y ponzoñoso. Entiendo que estaban buscando su identidad en ese momento, y que ese sonido ochentoso era también parte de la combinación de géneros que tanto buscaban, pero no se siente natural en lo más mínimo en este contexto. Hay bandas a las que se les da bien ese sonido (como Devo o Virus, por poner ejemplos tanto yanquis como argentinos), pero definitivamente no va con los Cadillacs. Sus fortalezas están en otra parte. Segundo, las canciones se sienten a medias. Como dije antes, hay melodías con potencial y cierto sentido de la unidad en la interpretación, pero no dan ni a palos sensación de un trabajo terminado. Por mucho que las hayan trabajado y ensayado, estas canciones siguen pareciendo demos en su construcción y desarrollo. Tercero, detesto la voz de Vicentico. Si bien el tipo nunca fue lo que se dice un gran cantante, en este debut suena especialmente tímido, además de divagar mucho. Prefiero cuando es un mal cantante con toda la seguridad del mundo de que lo está haciendo bien, que al menos así cada tanto la pega con alguna buena interpretación. Pero es lo que hay.

Yendo a las canciones, la verdad es que no hay ningún clásico. Lo máximo que nos dan son proyectos de buenas canciones. A esto sumémosle que algunos temas son realmente malos. La que menos merece la condena al infierno es Tus tontas trampas, que tiene ese sonido de teclado que parece sacado de la feria más berreta de California (me recuerda a los primeros y peores Beach Boys) y una melodía sumamente estúpida, pero no la marqué en azul porque me da risa la letra que habla de los dibujos animados del Coyote y el Correcaminos. De repente, esa estupidez musical se me hace hasta adecuada para el conjunto del tema. Pero sí, si fuera instrumental o si tuviera cualquier otra letra la hubiera descartado como una porquería. En mis venas sí que no se salva con nada. Empieza con ese ritmo de teclado estrafalario que me trae recuerdos de Vietnam. Más específicamente, de la horrenda introducción del tema Johnny Blade de Black Sabbath. Lo peor viene después, cuando Vicentico intenta sonar sensual y desafiante y, de tan alejado de eso que está el resultado, termina dando risa involuntaria. Ambos elementos conforman una escucha tortuosa, aunque no tanto como Belcha. Este tema cuenta la historia de cómo Flavio Cianciarulo adoptó una perra que encontró en las calles de Mar del Plata, y que tres días después apareció ahogada en la pileta de la casa del papá. De paso, quien la canta es el percusionista Luciano Giugno. Si me lo preguntan, estoy seguro de que Flavio odiaba a la perra y que quería humillarla más. Si no, no se explica la vergüenza ajena que provoca esta canción. El ritmo es soporífero y aburrido, el estribillo «murió, se ahogó, se fue» no provoca nada de nada, los coros «la la la la la la la» son de lo más plomo, más incómodo, más forzado, más tosco y menos pegadizo que exista en el mundo de la música, y la voz líder… bueno, creo que se entiende todo si les digo que ojalá Vicentico la hubiera cantado. Háganse la idea. Si este no es el peor tema en la historia del grupo, pega en el palo.

Lo que sigue es mejor, pero no por mucho. Siguen siendo canciones medianas que deberían haber trabajado más. Hay dos instrumentales acá, que son Noches árabes y Bares y fondas. Diría que ambos son de lo mejor del disco. El primero no tiene mucho de «árabes» pero sí de «noches», ya que logra una buena atmósfera nocturna con su línea de bajo casi new wave, su ritmo profundo y sus vientos con aires toreros. Lo único que la caga un poco es su sonido de teclado. El tema título, por su parte, es quizás lo mejor del disco. Empieza con una línea de teclado que, por fin, suena como tiene que sonar. También tenemos las líneas altivas de trompeta y un buen solo más jazzero también de teclados a mitad del tema. Lástima la pedorrísima elección de tonos y ese sonidito electrónico que parece un videojuego pésimo de Atari. Pero lo voy a perdonar, ya que el conjunto logra meterme en la cabeza la imagen de unos amigos juntándose en un bar una noche de verano. Si hubieran trabajado estos dos temas un poco más, habrían sido auténticas joyitas. El abridor del disco, llamado Vos sin sentimiento, no es de lo más feliz del mundo. Es pegadiza tanto en el ritmo como en algunas líneas vocales, pero se hace muy larga y, otra vez, la caga el instrumento con teclas que ya mencioné hasta el asco. También peca de larga Estamos perdiendo, lo cual diluye su buen trabajo de batería, las inspiradas secciones de vientos y la decente interpretación de Vicentico. Además, no ayudan en nada esos sonidos que parecen efectos rechazados de Mario Bros. Adivinen de qué instrumento vienen. Todo lo contrario resulta ser Silencio, hospital, que dura menos de dos minutos. Parece querer ser más jugada en su letra y está bien coordinada instrumentalmente, así que no está mal. La manera correcta de gritar tiene un ritmo funky y saltarín muy adictivo, pero no mucho más que eso. Yo quiero morirme acá me suena a una versión temprana de su futuro éxito Contrabando de amor y, como toda versión temprana, está muy subdesarrollada. Me gustan sus quiebres juguetones de guitarra, pero la melodía vocal y, peor aún, la forma de interpretarlas, dan algo de vergüencita. No al nivel de Belcha, pero vergüencita al fin y al cabo. Galápagos intenta ser sensual, y en parte lo logra, pero el sonido no es todo lo pulcro que debería ser para una canción así. Si algo rescato de este tema es que, por fin, cierto instrumento suena adecuado. Supongo que todos eran conscientes de que el sonido general de las teclas era horrible y que un tema tan dependiente de estos no podía sonar así. Hay que reconocerles que algo de oído tenían a pesar de no saber mucho de teoría musical, aunque es cierto que tampoco se necesita ser arquitecto para saber cuándo una casa está mal construida. Cerramos el disco con Basta de llamarme así, cuyo cantante y compositor confesaría tiempo después que está dedicada a una hermana suya llamada Tamara. Esto me haría difícil el decir algo malo de la canción si no fuera por el hecho de que, en realidad, no está nada mal. No es una maravilla, pero su ambiente semitriste y sus partes instrumentales logran funcionar de manera creíble. Decente cierre.

Lástima que esto no se aplica al disco en general. Después de haber escrito mi reseña, me quedo con la sensación de que hablé de las canciones de tal forma que el trabajo merecería un seis más que un cinco. O sea, que aprobaría por los pelos. Puede dar esa sensación si escuchan las canciones de forma aislada. Casi todas tienen lo suyo pero, escuchándolo de corrido (que es como se tiene que escuchar un álbum), el conjunto se vuelve monótono y falto de inspiración. Insisto con que no todo es malo. Como dije, hay buenas melodías que denotan potencial, momentos de cohesión que muestran entendimiento entre sus miembros y una propuesta interesante que hace que, a pesar de ser un grupo pachanguero y jodón, sean más relevantes y perfectibles en el largo plazo que otras bandas de características similares pero menos sustanciales como lo pueden ser Los auténticos decadentes. Les tomaría su tiempo, pero irían mejorando hasta sacar dos joyitas del rock latino de los 90 como lo son «Fabulosos calavera» y «La marcha del golazo solitario». Esta es la prueba definitiva de que los «sordos musicales» que escucharon este disco y decidieron que era bueno son una parte necesaria del panorama musical. De lo contrario, nos hubiéramos perdido tanto a este como a muchos otros grandes grupos que no tuvieron el inicio más feliz. Igualmente, esta observación no hace que este disco deje de ser solamente una curiosidad para fanáticos de hueso colorado. Escúchese con precaución.