viernes, 13 de marzo de 2026

Al principio...

En un principio estaba el inframundo. Un vacío que en realidad era una base para construir un mundo nuevo. Ese mundo existió desde siempre, pero solo lo vimos cuando ellos quisieron que lo viéramos y como ellos quisieron que lo viéramos. Luego vinieron las calles, las playas y las montañas, en una especie de naturaleza beta. Una base más sólida que un simple montón de nada. Después llegaron las ciudades y los poblados, y los poblados se llenaron de gente. ¿O la gente se llenó de poblados? Nunca lo sabremos. Después vinieron las historias que le dieron una razón de ser a esas personas. Esas historias ya ocurrieron, pero nunca ocurrieron hasta que las experimentamos en carne propia. Tomemos, por ejemplo, a la hermana malvada de un filántropo. ¿Qué pasaría si originalmente ella no fuera malvada? Se supone que siempre lo fue, pero el destino decidió a último momento que necesitábamos una villana femenina. O incluso a un conquistador galáctico. Un personaje anónimo y malvado desde la cuna que de repente fue un héroe con nombre propio que terminó siendo corrompido. Es que el pasado es tan frágil que, con solo cambiar una coma de lugar, el destino hubiera sido otro. Y se supone que nos tenemos que tragar que todo eso es coherente y sucesivo. Que todo lo que existe existió. Tan frágil es el pasado que incluso pudo haber habido personas antes que mundo. Mejor aún, ¿Y si el vacío más absoluto llegó después de que llegara la civilización? Es decir, hubo un momento en el que el futuro no supo con qué venir y nos trajo una nada de diversos colores y formas. Cada época tiene su vacío, y cada vacío su color, aunque el color que parece predominar es el negro o el gris. Algunos todavía no existen a pesar de que ya vivieron. Otros existen a pesar de que todavía no vivieron. Para otros, el pasado aún está por suceder.

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