En un principio estaba el
inframundo. Un vacío que en realidad era una base para construir un mundo
nuevo. Ese mundo existió desde siempre, pero solo lo vimos cuando ellos
quisieron que lo viéramos y como ellos quisieron que lo viéramos. Luego
vinieron las calles, las playas y las montañas, en una especie de naturaleza
beta. Una base más sólida que un simple montón de nada. Después llegaron
las ciudades y los poblados, y los poblados se llenaron de gente. ¿O la gente
se llenó de poblados? Nunca lo sabremos. Después vinieron las historias que le
dieron una razón de ser a esas personas. Esas historias ya ocurrieron, pero
nunca ocurrieron hasta que las experimentamos en carne propia. Tomemos, por
ejemplo, a la hermana malvada de un filántropo. ¿Qué pasaría si originalmente
ella no fuera malvada? Se supone que siempre lo fue, pero el destino decidió a
último momento que necesitábamos una villana femenina. O incluso a un
conquistador galáctico. Un personaje anónimo y malvado desde la cuna que de
repente fue un héroe con nombre propio que terminó siendo corrompido. Es que el
pasado es tan frágil que, con solo cambiar una coma de lugar, el destino
hubiera sido otro. Y se supone que nos tenemos que tragar que todo eso es
coherente y sucesivo. Que todo lo que existe existió. Tan frágil es el pasado
que incluso pudo haber habido personas antes que mundo. Mejor aún, ¿Y si el
vacío más absoluto llegó después de que llegara la civilización? Es decir, hubo
un momento en el que el futuro no supo con qué venir y nos trajo una nada de
diversos colores y formas. Cada época tiene su vacío, y cada vacío su color,
aunque el color que parece predominar es el negro o el gris. Algunos todavía no
existen a pesar de que ya vivieron. Otros existen a pesar de que todavía no
vivieron. Para otros, el pasado aún está por suceder.
viernes, 13 de marzo de 2026
Al principio...
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