en donde debería haber terror.
Tu cuerpo pelea una guerra eterna contra la gravedad.
Tu estilo «Escher» descoloca.
Nunca nos preguntamos cómo podés existir.
Patria paisajista
Militás pólvora mojada y palomas de pico seco.
Militás manos podridas y cuerpos como piedra.
La ciudad eterna
Esta ciudad es irreal, prácticamente
ficticia. Una ciudad sin estado, indetectable en los mapas. Algunos dicen que
está por acá, otros dicen que está por allá, pero no se sabe a ciencia cierta.
Lo que sí es seguro, es que todos saben cómo llegar ahí. ¿Qué podemos decir de
esa ciudad? Pues de todo. Todo lo que es y todo lo que no es. Su horizonte
brilla de un saludable color verde. Brilla radiantemente. O radiactivamente, lo
mismo da. Tiene la fauna más exótica que cualquier par de ojos podría
contemplar. ¿Y la gente? ¿Qué decir de la gente? Pues que si sus pieles
brillaran, cualquiera las confundiría con el oro. Esa ciudad es como un punto
de convergencia. Lo mejor y lo peor de toda la sociedad reunidos en un mismo
frasco y sacudidos hasta ser inseparables entre sí. Un auténtico retrato
americano, siendo la palabra «americano» lo que cualquiera desee que sea. El
tiempo acá pasa y no pasa. Ustedes entienden. Da lo mismo 1989 que 2007 o el
año 3000. El presente, el pasado y el futuro se pelean entre sí constantemente
para ocupar el puesto del otro. Pero esta ciudad tiene que tener un nombre,
¿verdad? Pues sí, toda tierra necesita un nombre. El de esta ciudad es un
nombre tan simple que de algún modo vive en el corazón de todos. Ese nombre
podríamos decir que es Springfield.
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